Antonio Bustamante lleva más de 35 años con una acuarela de César Chávez en la pared de su despacho en Yuma, Arizona. De joven, el líder sindical lo inspiró y ayudó a organizar a los trabajadores antes de integrarse a su equipo de seguridad. Hoy, Bustamante, como muchos otros, intenta conciliar esa admiración con las acusaciones de que Chávez abusó sexualmente de mujeres y niñas.
“Estoy tratando de averiguar cómo entender mi percepción de él como un hombre extremadamente bueno frente a estas cosas que se dice que hizo”, expresó conmovido.
César Chávez alcanzó reconocimiento nacional como organizador campesino. Junto a Dolores Huerta —también señalada como una de sus víctimas— cofundó el sindicato United Farm Workers, lideró una huelga de hambre y un histórico boicot contra la uva, hasta lograr mejores salarios y condiciones para los trabajadores agrícolas mexicano-americanos.
Sin embargo, casi dos semanas después del reportaje del New York Times que detalló los abusos, comunidades y organizaciones continúan debatiendo cómo recordarlo. En distintas ciudades ya se han retirado su nombre e imagen de monumentos, calles y murales.
Bustamante recuerda cómo Chávez le dio esperanza a una generación de jóvenes marginados. Ahora, algunos en su comunidad han quitado sus retratos, un gesto que él compara con retirar una imagen del Papa para un católico.
Para otros, el caso demuestra por qué los movimientos no deben depender de una sola figura. Teresa Romero, presidenta de United Farm Workers, subrayó que la contradicción entre el organizador y el hombre acusado de actos terribles es ineludible. “Ambas cosas vinieron de la misma persona”, reconoció.
Sehila Mota Casper, directora ejecutiva de Latinos in Heritage Conservation, afirmó que el movimiento siempre fue colectivo: “Los derechos que resultaron de esta lucha pertenecen a las personas que la construyeron. No fue sólo un individuo”. Esa perspectiva, explicó, permite reconocer el papel de Chávez sin dejar que borre las contribuciones de otros, como Huerta.
Grupos como Voto Latino recordaron que “las mujeres que organizaron, marcharon y se sacrificaron junto a los trabajadores agrícolas llevaron este movimiento a sus espaldas”.
Las acusaciones también provocaron reacciones rápidas. En pocos días se retiraron estatuas y se modificaron celebraciones, incluso las del Día de César Chávez del 31 de marzo. Líderes políticos de ambos partidos condenaron los presuntos abusos. En Texas, el gobernador Greg Abbott anunció que el estado dejaría de celebrar la fecha, señalando que las acusaciones “socavan la narrativa que lo posicionó como una figura digna de celebración oficial”.
Por su parte, el Latino Victory Project llamó a no perder de vista las luchas de derechos civiles vigentes. Paul Ortiz, profesor de historia laboral en la Universidad de Cornell, recordó que “esos legados no han cambiado, y tienen que ver con el poder popular”.
Bustamante asume que, a partir de ahora, el nombre de César Chávez siempre llevará un asterisco.




