Antonio Bustamante conserva desde hace más de 35 años una acuarela de César Chávez en su despacho de abogados en Yuma, Arizona. De joven, el líder sindical lo inspiró y lo ayudó a organizar a los trabajadores antes de unirse a su equipo de seguridad. Hoy enfrenta un dilema: reconciliar la imagen del hombre que admiraba con las acusaciones de abuso sexual contra mujeres y niñas.
“Estoy tratando de averiguar cómo emocional e intelectualmente voy a poder entender mi percepción de él como un hombre extremadamente bueno en comparación con estas cosas que se dice que hizo”, expresó conmovido.
Chávez, junto a Dolores Huerta —una de sus denunciantes—, cofundó el sindicato United Farm Workers. Lideró una huelga de hambre, el histórico boicot de la uva y presionó por mejores condiciones laborales para los trabajadores agrícolas mexicano-americanos. Sin embargo, tras un reportaje del New York Times que detalla acusaciones de abusos, comunidades y defensores de derechos humanos en Estados Unidos debaten cómo recordarlo. En varios lugares su nombre ha sido retirado de monumentos, calles y murales.
Bustamante recuerda haber visto a Chávez hablar frente al Capitolio de Arizona en 1972 durante una huelga de hambre. “Nos dio valor, y para los jóvenes eso lo era todo”, dijo. Algunos de sus amigos ya han quitado retratos del líder sindical de sus hogares, una decisión que él compara con “dejar el catolicismo y retirar fotos del Papa”.
Para muchos, este caso refuerza la idea de que los movimientos no deben depender de un solo líder. Teresa Romero, presidenta de United Farm Workers, destacó la contradicción inevitable: “Tenemos en una mano a César Chávez, el hombre que cometió actos horribles que no vamos a justificar, y por otro, al organizador que reunió a miles de personas para mejorar las vidas de los trabajadores del campo”. Ambas facetas, añadió, provienen de la misma persona.
Sehila Mota Casper, directora ejecutiva de Latinos in Heritage Conservation, insistió en que el movimiento siempre fue un esfuerzo colectivo. “Los derechos y protecciones que surgieron pertenecen a quienes la construyeron, no a un solo individuo”, dijo. Esa visión, afirmó, permite avanzar sin borrar la historia ni dejar de reconocer las contribuciones de figuras como Huerta.
Grupos como Voto Latino subrayaron que las mujeres que marcharon y se sacrificaron junto a los trabajadores agrícolas “llevaron este movimiento a sus espaldas”.
Las consecuencias han sido inmediatas: se retiraron estatuas y se cancelaron celebraciones del Día de César Chávez, que se conmemora el 31 de marzo. Líderes políticos de todos los partidos condenaron los supuestos abusos. El gobernador de Texas, Greg Abbott, anunció que su estado dejaría de celebrar el día en honor a Chávez, argumentando que las denuncias “socavan la narrativa que lo presentaba como una figura digna de celebración oficial”.
Aun así, organizaciones como Latino Victory Project alertaron que este momento no debe desviar la atención de las luchas por los derechos civiles. Paul Ortiz, profesor de historia laboral en la Universidad de Cornell, recordó que “los legados del movimiento siguen intactos porque son sobre el poder popular”.
Bustamante, reflexivo, admite que quizá siempre habrá un asterisco junto al nombre de César Chávez, pero considera que el reto ahora es preservar la historia sin negar las verdades que emergen.




