Hanoi, Vietnam – Agricultores de todo el mundo enfrentan la presión de la guerra con Irán. Los precios de la gasolina se han disparado y los suministros de fertilizantes escasean debido al cierre casi total del estrecho de Ormuz por parte de Teherán, en respuesta a bombardeos de Estados Unidos e Israel.
La crisis amenaza el sustento de millones de agricultores, sobre todo en países en desarrollo, y podría provocar un alza global en los precios de los alimentos. Carl Skau, subdirector ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos, advirtió que la falta de fertilizantes al comenzar la temporada de siembra en el hemisferio norte podría resultar en “cosechas más pequeñas o pérdidas totales”.
En India, el agricultor Baldev Singh explicó que los pequeños productores de arroz podrían no sobrevivir sin subsidios al fertilizante cuando la demanda alcance su punto máximo en junio. “Estamos a la espera y conservamos la esperanza”, señaló.
Irán restringe el paso de mercancías por el estrecho de Ormuz, ruta por la que circula una quinta parte del petróleo mundial y casi una tercera parte del comercio global de fertilizantes. El bloqueo afecta principalmente el suministro de nitrógeno y fosfato, nutrientes clave para las plantas. Chris Lawson, de la consultora CRU Group, indicó que el conflicto ha limitado cerca del 30% del comercio mundial de urea. Raj Patel, economista de la Universidad de Texas, señaló que Etiopía obtiene más del 90% de su fertilizante nitrogenado a través del golfo Pérsico, una ruta ahora casi paralizada.
Arabia Saudí exporta una quinta parte del fertilizante fosfatado mundial y más del 40% del azufre, insumo esencial para la producción. Incluso si el conflicto se resuelve pronto, las aseguradoras elevarán sus costos y los productores del Golfo requerirán garantías de seguridad antes de reanudar los envíos, explicó Owen Gooch, de Argus Consulting Services.
El impacto ya se siente en Estados Unidos y Europa. Dirk Peters, ingeniero agrónomo en Berlín, subrayó que los cultivos necesitan nitrógeno “cuanto antes” para prosperar. Los precios del fertilizante siguen por debajo de los picos de la invasión rusa a Ucrania, pero los granos valen menos, lo que reduce el margen de los agricultores. Joseph Glauber, del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias, advirtió que eso podría forzar cambios hacia cultivos menos dependientes de fertilizantes, reduciendo el rendimiento y encareciendo los alimentos.
China, principal productor mundial, ha dado prioridad a su demanda interna, mientras que Rusia ya opera a su máxima capacidad. África, muy dependiente de importaciones, enfrenta retrasos y alzas de precios. En Kenia, el maicero Stephen Muchiri señaló que los agricultores apenas tienen periodos secos para aplicar fertilizantes, lo que amenaza los rendimientos.
Los gobiernos intentan mitigar los efectos con subsidios y políticas de producción nacional. India destinó 12,700 millones de dólares solo para subsidiar la urea, aunque tales apoyos reducen los fondos para inversiones sostenibles. Purva Jain, del IEEFA, alertó sobre daños al suelo por uso excesivo de urea y recomendó fertilizantes orgánicos. Oliveros, de Agroecology Coalition, consideró que esta crisis “podría ser un punto de inflexión” hacia prácticas agrícolas más resilientes.




