Guantánamo: la base estadounidense que brilla en medio de la oscuridad cubana

En contraste con la crisis energética de Cuba, la base naval de EE.UU. mantiene vida plena y autosuficiencia.
La brecha territorial, ideológica y económica entre los dos países, se vuelve palpable cuando se visita el lugar

La centenaria base naval que Estados Unidos ocupa en el sureste de Cuba, en contra de la voluntad de La Habana, está separada del resto del país por más que alambradas y una franja de terreno que aún podría estar minado. El enclave, establecido en 1903, es uno de los más antiguos que Estados Unidos mantiene fuera de su territorio y el único situado en una nación comunista.

La brecha entre ambas orillas es tan visible como profunda: de un lado, Cuba padece crisis humanitaria y apagones nacionales; del otro, la base estadounidense de Guantánamo conserva sus luces encendidas, estaciones de gasolina abastecidas y supermercados repletos. Mientras el pasado fin de semana el país caribeño enfrentaba su segundo apagón en menos de siete días, dentro del recinto militar la vida transcurría con la normalidad de cualquier vecindario en Florida.

Aunque los letreros de bienvenida anuncian «Bahía de Guantánamo, Cuba», quien ha caminado por las calles cubanas puede difícilmente reconciliar esas imágenes con un McDonald’s, un pub irlandés o un cine con los estrenos de Hollywood. No obstante, se mantienen algunos rastros culturales: un altar a la Virgen de la Caridad del Cobre, calles con nombres de próceres como José Martí y Antonio Maceo, y palmas reales que recordan al paisaje caribeño.

Hoy quedan apenas unos pocos cubanos, ya mayores, de los más de 300 que trabajaron en la base y decidieron quedarse como residentes especiales. En otro tiempo, un centro comunitario mantenía vivas las tradiciones de la isla. Un pequeño museo local conserva la historia del enclave, considerado “ilegal” por el Gobierno cubano, que exige su devolución. Washington se ampara en un acuerdo bilateral de los años 30 que solo permite devolverlo si ambas partes lo acuerdan.

En la tienda de regalos, un mural exhibe una de las escasas banderas cubanas visibles. No se escuchan ritmos isleños ni se encuentran platos tradicionales como congrí o cerdo asado, pero abundan los frapuccinos y batidas de proteínas del gimnasio.

Tras la llegada de Fidel Castro al poder en 1959, Cuba rompió relaciones con Estados Unidos en 1961 y dejó de cobrar los cheques de unos 4,000 dólares de renta anual que Washington sigue enviando. En 1964, el Gobierno cubano cortó el suministro de agua y provisiones, obligando a la base —conocida como “Gitmo”— a ser totalmente autosuficiente. Hoy genera su propia energía y agua para unos 6,000 residentes, con hospital, aeropuerto y abastecimientos regulares por mar y aire.

Aunque en años recientes su nombre ha estado asociado al centro de detención de acusados por los ataques del 11 de septiembre de 2001, la base sigue siendo un punto clave de la Armada estadounidense en el Caribe, símbolo de una convivencia tensa entre dos mundos separados por más que una frontera.

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