Notificaciones de desahucio, embargos de vehículos, neveras vacías y cuentas en descubierto describen la realidad de cientos de empleados de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, en inglés) afectados por el nuevo cierre parcial del gobierno federal, el tercero en menos de seis meses. Sin fondos, los agentes deben asistir a trabajar sin recibir paga, y muchos han optado por tomarse licencias o buscar otros ingresos.
Según el Departamento de Seguridad Nacional, al menos 376 trabajadores han abandonado sus puestos desde que comenzó el cierre el día de San Valentín, intensificando la rotación en una de las agencias con mayor desgaste y menor moral del gobierno de Estados Unidos. Las largas filas en los aeropuertos y los retrasos extendidos reflejan el impacto directo sobre los pasajeros.
“Es agotador. Cada día parece que este peso nos pesa más y más”, expresó Cameron Cochems, dirigente sindical local de la TSA en Boise (Idaho). Cochems, vicepresidente regional de la Federación Americana de Empleados del Gobierno, advierte que muchos más agentes se irían si existieran mejores perspectivas laborales externas. “Creo que se está quedando en la TSA más gente que no quiere estar aquí”, añadió.
La Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO) informó en 2024 que la TSA mantiene uno de los niveles de moral más bajos del sector público, producto de bajos salarios, escaso reconocimiento y deficientes condiciones laborales. Los ingresos iniciales rondan los $34,500 anuales y el promedio va de $46,000 a $55,000, cifras que apenas alcanzan para cubrir las necesidades básicas en muchas ciudades.
Cochems explica que ha tenido que recurrir a un trabajo secundario estacional en aeropuertos para complementar ingresos, pero ni eso compensa la falta de salario durante el cierre. La situación empeoró cuando su esposa perdió su empleo. “Todos los días vengo al aeropuerto y miro la colecta de alimentos, a ver qué cosas puedo conseguir para mi familia”, dijo sobre las donaciones que ayudan a los trabajadores.
El cierre, que ya suma 35 días, mantiene paralizados los fondos del Departamento de Seguridad Nacional. Los demócratas en el Congreso se niegan a liberar recursos hasta que se impongan nuevas limitaciones a las operaciones migratorias federales tras los tiroteos de Alex Pretti y Renee Good en Minneapolis.
Los aeropuertos de Houston, Atlanta y Nueva Orleans reportan esperas de hasta dos horas y frecuentes cancelaciones. En algunos centros, los puntos de control han debido cerrar por falta de personal. El pasado fin de semana, muchos agentes no recibieron su primer cheque completo en semanas. En Houston faltó más de la mitad del personal, mientras que en Atlanta el ausentismo alcanzó 38%.
“Hay agentes que no pueden pagar copagos de tratamientos oncológicos o consultas pediátricas”, denunció Aaron Barker, dirigente sindical en Atlanta. La variación de tiempos de espera es extrema: en el aeropuerto Hartsfield-Jackson el control principal pasó de más de una hora en la mañana a cinco minutos en la tarde, para luego subir otra vez a 75 minutos.
El administrador adjunto en funciones de la TSA, Adam Stahl, reconoció a Fox News que esta crisis amenaza la plantilla a largo plazo. Explicó que tras el cierre anterior las bajas aumentaron un 25% y prevé un efecto aún peor si no se reanudan pronto las operaciones normales. “Esto va a continuar y empeorar si el Departamento de Seguridad Nacional no restablece los fondos y los sueldos de nuestros agentes”, advirtió.




