Washington — En medio de mercados nerviosos y encuestas a la baja, el presidente Donald Trump asegura que Estados Unidos está “ganando” en la guerra contra Irán, aunque no ha podido precisar cómo ni cuándo terminará el conflicto. En un discurso ante republicanos, calificó la operación de “excursión a corto plazo”, pero luego matizó que “no hemos ganado lo suficiente”.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró que depende del presidente determinar si esta fase es “el principio, el medio o el final” de la guerra. Mientras tanto, la confrontación, que ya alcanza 12 días, mantiene cerrada al tráfico comercial el Estrecho de Ormuz y afecta la economía mundial.
El senador demócrata Mark Kelly cuestionó la falta de rumbo del gobierno: “No tienen plan, ni calendario, ni estrategia de salida”. Los aliados europeos también muestran cautela. El canciller alemán Friedrich Merz expresó preocupación por la ausencia de un plan común para poner fin al conflicto “de forma convincente”.
Trump ha alternado entre exigir una “rendición incondicional” iraní y declarar que sus objetivos militares —como reducir la capacidad de misiles y drones de Teherán— están cumplidos. Aun así, la Guardia Revolucionaria iraní prometió no permitir la salida de “ni un litro de petróleo” por Ormuz mientras continúen los bombardeos.
Ali Larijani, alto funcionario de seguridad de Irán, advirtió a través de X que el país “no teme amenazas vacías” y que “ni los más poderosos que tú pudieron eliminar a Irán”.
El mandatario intenta defender ante los estadounidenses su decisión de un ataque preventivo, alegando que tenía la “sensación” de que Irán preparaba un golpe contra EE. UU. Ocho soldados estadounidenses han muerto y unos 140 resultaron heridos en represalias iraníes. La secretaria de prensa Karoline Leavitt dijo que la “intuición” del presidente “estaba basada en hechos”, aunque el Pentágono reconoció no tener pruebas de un plan iraní inminente.
Las encuestas reflejan escepticismo: según Quinnipiac y Fox News, la mitad de los votantes cree que la ofensiva hace al país “menos seguro”, y seis de cada diez confían “poco” o “nada” en Trump para decidir sobre el uso de la fuerza.
Trump también ha intentado desviar la responsabilidad por el bombardeo a una escuela de niñas en el sur de Irán, que dejó al menos 165 muertos. A pesar de un video verificado por Bellingcat que muestra el impacto de un misil estadounidense Tomahawk, insistió en culpar a Irán y sostuvo que aceptará los resultados de una investigación interna.
El senador Chuck Schumer calificó las declaraciones del presidente de “espantosas” y dijo que “vuelve a decir lo primero que se le ocurre, sin importar la verdad”. Su correligionario republicano Kevin Cramer reconoció la necesidad de aclarar los hechos y evitar “errores como ese en el futuro”.
Mientras tanto, el conflicto sigue sin un horizonte claro ni una explicación convincente para los ciudadanos de Estados Unidos y sus aliados internacionales.




