PASO FRONTERIZO DE KAPIKÖY, Turquía — En el extremo oriental de Turquía, junto a la provincia de Van, el paso terrestre de Kapıköy se ha convertido en una de las escasas vías para los iraníes que intentan salir del país. Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Teherán hace más de una semana, el espacio aéreo iraní permanece cerrado, intensificando la guerra en Oriente Próximo.
En los últimos días, la mayoría de los viajeros que cruzan la frontera han sido iraníes con vínculos familiares o laborales en Turquía. Algunos cuentan con residencia o ciudadanía en terceros países y usan el destino como escala, pero pocos planean quedarse de forma indefinida.
Reza Gol, cirujano plástico de 38 años, relató que viajó desde Urmia para atender pacientes en Estambul, donde vivió antes. “No está claro si saldremos definitivamente de Irán, pero mientras tanto puedo despejarme un poco. No hay tanta gente en la frontera; la mayoría se queda en casa”, afirmó.
Pooneh Asghari y su esposo, ciudadanos irano-canadienses, se preparaban para volar rumbo a Canadá. “Llevamos más de cinco años viviendo en Irán. Toda nuestra vida está allí”, señaló Asghari. Fariba, otra viajera que prefirió no dar su apellido, se dirigía a Esmirna junto a su hijo. “La mayoría de mis amigos no tienen medios para irse. La gente es muy pobre ahora y tiene miedo”, expresó.
Aunque los iraníes pueden entrar a Turquía sin visado, ambos países suspendieron temporalmente los viajes fronterizos de un día. Pese a ello, desde el jueves los cruces en Kapıköy se mantienen estables. Según el ministro del Interior turco, Mustafa Çiftçi, el miércoles ingresaron 2,032 personas desde Irán y retornaron 1,966.
Muchos de los viajantes continuaron su trayecto desde Van hacia Estambul o destinos más lejanos. La joven estudiante Mehregan, de 26 años, recorrió más de 15 horas para cruzar la frontera. Planeaba regresar a China, pero su vuelo fue cancelado por tormentas de nieve. “Si no logro volar mañana, perderé el pasaje”, lamentó.
Los hoteles de Van, tradicionalmente concurridos durante las vacaciones iraníes de Nowruz, se preparan para días difíciles. “Normalmente es una época animada, pero ahora todo está tranquilo, salvo por quienes huyen de la guerra”, dijo Resat Yeşilağaç, dueño de dos hoteles.
El gobierno turco, que ya alberga a casi cuatro millones de refugiados sirios, vigila de cerca la situación. Su Ministerio de Defensa informó que ha construido 380 kilómetros de muro, además de torres de vigilancia, a lo largo de la frontera con Irán. Mustafa Çiftçi añadió que cuentan con planes de emergencia, como campamentos y zonas tampón, aunque por el momento no se ha registrado un flujo masivo.
Para algunos, como Harrison Mirtar, iraní-canadiense de 53 años, la experiencia tiene un aire familiar. Tras visitar a sus padres en Teherán, cruzó la frontera rumbo a Canadá. “Ellos sobrevivieron a la guerra Irán-Irak en los años ochenta. Saben lo que es resistir”, dijo.
Esta crónica fue traducida del inglés y revisada por un editor antes de su publicación.




