Lo que debía ser una jornada de descanso en un popular destino turístico del Norte de Santander, Colombia, terminó en tragedia. Yuris Cristel Camila García Manrique, una joven de 28 años oriunda de Tibú, perdió la vida tras sufrir un accidente en una atracción mecánica del establecimiento turístico “Entre Flores”. El suceso, registrado en un video, ha despertado preocupación por la seguridad y regulación de los parques temáticos en la región.
En el video grabado por una acompañante, se observa a Camila preparada sobre un neumático inflable para lanzarse por el llamado “tobogán extremo”. Inquieta, la joven pregunta: “¿Me va a recibir alguien allá?”. Un empleado del lugar le responde: “Sí, siempre hacia atrás, piernas cruzadas y bien agarrada. No tenga miedo”. Fueron las últimas palabras que escuchó antes del fatal descenso.
Segundos después, Camila perdió el control en una curva y fue expulsada violentamente contra una pared. Aunque permaneció consciente por unos minutos, su condición empeoró rápidamente. Fue trasladada a Cúcuta, donde llegó sin signos vitales debido a los severos traumas internos.
Camila era madre de un niño de cuatro años y el principal sustento de su familia, que incluye a su madre y su hermano menor. Además, colaboraba con la Alcaldía de Tibú en proyectos sociales a través de la organización Madres del Catatumbo por la Paz. Su presidenta, Carmen García, expresó su dolor por la pérdida: “Deja un niño huérfano. Ella tenía miedo, preguntó si no se iba a estrellar y le dijeron que no”.
El parque “Entre Flores” informó en un comunicado que activó los protocolos de emergencia inmediatamente y lamentó la muerte de la joven. Según la empresa, el tobogán había sido inaugurado en febrero y contaba con las verificaciones iniciales. Sin embargo, visitantes previos aseguraron que ya existían inquietudes sobre la seguridad de la estructura.
Las autoridades de Norte de Santander iniciaron una inspección técnica del tobogán para determinar si cumplía con las normas legales de seguridad. La muerte de Camila ha conmovido a las comunidades de Tibú y Chinácota, y reavivó el debate sobre la supervisión en espacios recreativos que ofrecen experiencias extremas.




