El presidente estadounidense Donald Trump y sus subalternos han presentado diversas razones para justificar la guerra contra Irán: eliminar su programa nuclear, destruir sus misiles balísticos, frenar el apoyo a grupos violentos, derrocar al régimen teocrático o defender a Israel. Todas estas explicaciones han sido utilizadas para justificar los bombardeos y el asesinato del líder iraní sin previa autorización del Congreso ni de aliados clave.
David Schenker, exfuncionario del gobierno de Trump y analista del Washington Institute for Near East Policy, señaló que el conflicto difiere de otros porque los propios funcionarios no comparten un mensaje coherente. “Usualmente los funcionarios de un gobierno se ponen de acuerdo previamente y posteriormente se ciñen a un mensaje coherente. Pero eso es difícil para este gobierno”, afirmó.
La Casa Blanca describió la ofensiva como respuesta a antiguas amenazas iraníes, asegurando que el presidente actuó ante una “amenaza inminente y directa” para Estados Unidos, aunque analistas sostienen que ello no está demostrado.
Entre las justificaciones se destaca la “reaniquilación” del programa nuclear iraní. Trump proclamó en Truth Social el 24 de junio de 2025 que “los sitios nucleares en Irán están completamente destruidos”. Sin embargo, informes de inteligencia indicaron que el programa solo se habría retrasado unos meses. El secretario de Estado Marco Rubio desestimó esas versiones como “historias falsas”.
Tras el ataque en el que murió el ayatolá Alí Jamenei, Trump sostuvo que una acción diferente habría conducido a “una guerra nuclear”. Irán, por su parte, insiste en que su programa es pacífico, aunque la ONU y países occidentales sostienen que desarrolló armas nucleares hasta 2003. El estado actual del programa es incierto porque Teherán impide el acceso al Organismo Internacional de Energía Atómica.
Otro argumento se centra en los misiles balísticos. Rubio aseguró que Irán posee cientos de misiles de corto alcance capaces de amenazar bases estadounidenses. Trump advirtió que pronto podrían llegar “a nuestra hermosa América”, mientras que el secretario de Defensa Pete Hegseth denunció un plan iraní de chantaje nuclear. No obstante, la inteligencia estadounidense no encontró pruebas de un inminente ataque iraní, según revelaron fuentes al Congreso.
Respecto a Israel, altos funcionarios como Mike Johnson afirmaron que el país actuaría “con o sin apoyo estadounidense”. Trump negó haber sido presionado por Tel Aviv y aseguró: “Si acaso, fui yo quien obligué a actuar a Israel”. Fuentes militares israelíes confirmaron que ambas naciones planificaron los ataques en conjunto y que la ofensiva mató a Jamenei y a varios altos mandos iraníes. El primer ministro Benjamin Netanyahu reconoció públicamente la “plena cooperación” entre ambos ejércitos.
Por último, Trump ha enviado mensajes contradictorios sobre un posible cambio de régimen en Irán. En redes sociales prometió “acudir en rescate” de manifestantes iraníes y alentó a la población a “tomar el control de su gobierno”. Días después, sin embargo, Hegseth aseguró que “no se trata de una guerra por cambio de régimen”, aunque reconoció que “el régimen sí cambió”.
Esta postura reaviva el debate sobre la política estadounidense de intervenciones. La historia demuestra que los cambios de régimen –de Vietnam a Irak– pocas veces salen según lo previsto. “La mayoría de las personas que teníamos en mente están muertas”, reconoció Trump. “Supongo que viene una tercera ola, y pronto no vamos a conocer a nadie”.




