La Ópera Estatal de Hamburgo estrenó “Monster’s Paradise” (“El paraíso de los monstruos”), una nueva ópera de Olga Neuwirth y Elfriede Jelinek que presenta un Presidente-Rey glotón y voraz como sátira del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Antes del estreno mundial, el director artístico Tobias Kratzer expresó incredulidad ante la vigencia de la metáfora. “La metáfora se ha hecho realidad”, dijo, al advertir que la obra casi deja de ser sátira para parecer realidad.
Jelinek, de 79 años y Premio Nobel de Literatura 2004, volvió a colaborar con Neuwirth tras dos décadas en un libreto en alemán. Neuwirth, de 57 años, ganó el Premio Grawemeyer de Composición Musical 2022 y fue la primera mujer compositora presentada en la Ópera Estatal de Viena.
El montaje incluye coristas disfrazados de zombis, princesas tipo Disney y perritos calientes bailarines. La ópera abre con un cartel LED al estilo Las Vegas y acción en una pasarela.
La inspiración proviene de “Ubu Roi” (1896), de Alfred Jarry. Elementos de sus personajes se adaptaron al Presidente-Rey en una ópera de Grand Guignol, con seis funciones hasta el 19 de febrero. La producción llegará a la Ópera de Zúrich del 8 de marzo al 12 de abril y luego a la Ópera de Graz, en Austria. Está prevista una grabación sonora.
En escena, el Presidente-Rey aparece en un Despacho Oval dorado, con una nevera llena de Coca-Cola, corona dorada y un botón rojo que expulsa visitantes, mientras una figura similar a Melania Trump observa al fondo. “Cuando Trump llegó al poder, pensé instantáneamente en ella”, comentó Jelinek.
Los vampiros Vampi y Bampi, interpretados por Sarah Defrise y Kristina Stanek, actúan como avatares de las autoras. El Presidente-Rey es cantado por Georg Nigl, enfrentado a Gorgonzilla, un monstruo nacido de un accidente nuclear, interpretado por Anna Clementi. Los asistentes Mickey y Tuckey, inspirados en Elon Musk y Mark Zuckerberg, cantan elogios exagerados.
Charlotte Rampling aparece en videos como La Diosa, defensora de la naturaleza y la civilización. Aunque Gorgonzilla devora al Presidente-Rey, también cae en el autoritarismo. La obra cierra con los vampiros a la deriva por el río Elba, tocando Schubert, preocupados por una Tierra destruida por sus dirigentes.
El vestuario de Rainer Sellmaier presenta al Presidente-Rey con proporciones desmesuradas, pañales y corbata dorada. Neuwirth defendió el poder del humor y dijo que los poderosos le temen. Nigl afirmó: “No estoy interpretando al presidente estadounidense, pero se le parece mucho”, y destacó la frase clave: “Quien tiene millones no necesita votantes”.
Neuwirth reconoció que teme posibles repercusiones de la administración estadounidense, mientras Jelinek se mostró indiferente.




