Una severa tormenta invernal azotaba el sábado la Costa Este de Estados Unidos, con fuertes vientos, inundaciones y nevadas intensas incluso en regiones del sureste poco acostumbradas a las ventiscas. Las temperaturas descendieron bruscamente y miles de hogares y negocios permanecían sin electricidad.
En Myrtle Beach, Carolina del Sur, se anticipaban hasta 15 centímetros de nieve. Sin equipos quitanieves, las autoridades planeaban improvisar, según explicó el alcalde Mark Kruea. Los meteorólogos pronosticaron temperaturas bajo cero que se extenderían hasta febrero, con acumulaciones de hasta 30 centímetros en algunas áreas de Carolina del Norte y posibilidad de nieve desde Maryland hasta Maine. Se esperaba que las ráfagas y la nieve generaran condiciones de ventisca antes de que la tormenta avanzara hacia el Atlántico.
El frío extremo alcanzaría incluso el sur de Florida. En Nashville, Tennessee, los termómetros marcaron cerca de -10°C, mientras persistían los apagones desde la tormenta anterior. Terry Miles, un obrero de 59 años sin electricidad en su hogar durante una semana, confesó que utilizaba una freidora de pescado para calentarse y temía por el riesgo de intoxicación con monóxido de carbono. Más de 170,000 hogares y negocios seguían sin servicio eléctrico, la mayoría en Mississippi y Tennessee, incluyendo unos 57,000 en la capital de este último estado.
El gobernador de Tennessee, Bill Lee, expresó su “gran preocupación” ante el Servicio Eléctrico de Nashville y pidió mayor transparencia y un calendario claro para la restitución del servicio. La empresa argumentó que la tormenta previa fue “sin precedentes”. En Mississippi, las autoridades la catalogaron como la peor desde 1994. Se habilitaron unos 80 refugios y la Guardia Nacional distribuyó suministros por tierra y aire.
El doctor David Nestler, de la Clínica Mayo en Minnesota, alertó sobre el incremento en casos de hipotermia y congelación, especialmente en comunidades del sur donde muchos carecen de ropa de invierno. Desde Texas hasta Nueva Jersey se reportaban más de 100 muertes, cerca de la mitad en Tennessee, Mississippi y Luisiana. Algunas se atribuyeron a hipotermia y otras al monóxido de carbono, aunque no se ofrecieron detalles oficiales.
En Carolina del Norte, la Guardia Nacional movilizó varios cientos de efectivos para asistir a las comunidades y preparar carreteras. En Wake Forest, largas filas se formaron en busca de propano; José Rosa, residente local, logró llenar su tanque tras visitar varios puntos. “Estoy aquí con este frío, y no me gusta”, comentó con resignación. En el condado de Dare, los vecinos temían que viviendas abandonadas en zonas como Rodanthe y Buxton terminaran derrumbándose sobre el Atlántico debido al embate del oleaje y el hielo.




