En Minneapolis, los silbidos y bocinazos se han vuelto el sonido constante de una ciudad que desafía a los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Profesores, comerciantes, amas de casa y voluntarios forman una red ciudadana que sigue los pasos de la Operación Metro Surge, impulsada por la administración Trump. Su meta: proteger a los inmigrantes, avisar de redadas y documentar posibles abusos.
Pese a un aparente cambio de tono en la Casa Blanca tras el asesinato de Alex Pretti, los grupos locales mantienen su actividad. Gregory Bovino, entonces alto funcionario de la Patrulla Fronteriza, fue relevado de su puesto, pero el descontento continúa. “Todos dormimos un poco mejor sabiendo que Bovino se fue, pero la amenaza sigue igual”, expresó Andrew Fahlstrom, líder de la organización Defend the 612.
El operativo comenzó con arrestos aislados en diciembre y escaló drásticamente en enero, tras anunciarse la “mayor operación de inmigración jamás realizada”. Según cifras oficiales, más de 3,400 personas fueron detenidas con el despliegue de unos 3,000 agentes federales. Aunque las autoridades alegan que se busca a criminales, en los barrios la experiencia ha sido distinta: redadas arbitrarias, detenciones de menores y el uso de gases lacrimógenos cerca de escuelas.
El miedo se apoderó de comunidades enteras: pacientes evitan acudir a hospitales, familias mantienen a sus hijos en casa y negocios de inmigrantes han cerrado o reducido horarios. En respuesta, miles de voluntarios se reorganizaron. Reparten alimentos, transportan vecinos y, sobre todo, participan en redes encriptadas para rastrear el movimiento de los agentes. Cuando detectan un operativo, se movilizan con silbatos y bocinas para alertar a los residentes y brindar apoyo legal en el momento.
Las escenas de tensión se repiten. En manifestaciones recientes, los enfrentamientos con agentes federales derivaron en el uso de gas pimienta y detenciones. Pese a ello, muchos consideran las acciones de los vecinos actos de solidaridad, no de confrontación. “No vi a nadie enfrentándose. Vi a gente protegiendo a su comunidad”, dijo el concejal Jason Chávez.
Entre las voces más activas está “Sunshine”, una mujer que patrulla día y noche en su vehículo para identificar posibles movimientos del ICE. Prefiere mantener el anonimato, pero su compromiso es firme: “A veces la gente solo quiere una vida normal, pero ya no sé si ese mundo existe”. Tras el asesinato de Renee Good a manos de un agente, su determinación creció, aunque evita provocar choques directos. “Mi estrategia es distinta, pero entiendo la frustración de quienes se desahogan”, aseguró.
Algunos grupos en otros estados, como el Colectivo por los Derechos de los Inmigrantes del condado de Montgomery, Maryland, advierten contra tácticas que puedan generar violencia, pidiendo calma y prudencia ante agentes “que no siempre respetan nuestros derechos”. Aun así, en Minneapolis la red continúa activa, tejida en la solidaridad y el orgullo comunitario.
Esta historia fue traducida del inglés al español con apoyo de inteligencia artificial y revisada por un editor antes de su publicación.




