Miles de puertorriqueños residentes en Estados Unidos se encontraban entre las más de 85 millones de personas que este fin de semana sufrieron los efectos de una tormenta invernal acompañada de nieve, lluvia helada y temperaturas extremadamente bajas.
En declaraciones compartidas con El Nuevo Día, varios de ellos contaron las medidas que tomaron para mantenerse seguros en medio del fenómeno, que dejó carreteras congeladas, el transporte interrumpido y cortes de electricidad en numerosas zonas.
“Donde vivo estamos literal atrapados y ahora toda esa nieve más hielo por encima lo puso como cemento y las horrorosas temperaturas no cooperan, es un caos total”, expresó una persona identificada como Creaciones Rodríguez.
Desde Nashville, Tennessee, Beatriz Boggs relató que nunca había visto algo así y describió la tormenta como “peligrosa y hermosa”. Mientras, Carmen Iris Cabán explicó que el viento alteró la forma en que la nieve se acumuló: “En mi casa el medio no tenía acumulación de nieve, pero las esquinas parecían dunas”.
En Houston, Texas, Josean Omar Morales López dijo que, aunque no hubo nieve, la lluvia helada cubrió su vecindario de hielo. “De casa no salgo”, manifestó. Por su parte, Vilmarid Medina contó que tuvo que palear junto a su hija más de ocho pulgadas de nieve y hielo para despejar la entrada de su casa.
La tormenta provocó temperaturas históricamente bajas, especialmente en los estados del noreste, medio oeste y sur del país. En la región de Washington D.C. se espera que el termómetro permanezca bajo el punto de congelación hasta principios de febrero.
El sistema también dejó sin electricidad a unas 900,000 personas, con Tennessee entre los más afectados: hasta la tarde del domingo, unas 300,000 viviendas y negocios seguían sin servicio.
Además, alrededor de 11,600 vuelos fueron cancelados el domingo, la cifra más alta registrada en Estados Unidos desde el inicio de la pandemia del COVID-19 en 2020. El aeropuerto Reagan de Washington D.C. suspendió todas sus operaciones, y las cancelaciones superaron el 90% en terminales aéreas de Nueva York, Pennsylvania, Texas y Carolina del Norte.




