Un año después del accidente aéreo que cobró 67 vidas en Washington D.C., familias y rescatistas se reunieron para recordar a las víctimas del vuelo 5342 de American Airlines y del helicóptero Black Hawk del ejército. El 29 de enero de 2025, ambas aeronaves colisionaron sobre el río Potomac cuando el avión, procedente de Wichita, Kansas, se preparaba para aterrizar. Los 64 pasajeros, tres tripulantes del helicóptero y toda la tripulación perdieron la vida.
La tragedia marcó el peor desastre aéreo en suelo estadounidense en más de dos décadas. Los equipos de rescate trabajaron durante días en aguas heladas y con escasa visibilidad para recuperar cuerpos y pertenencias. “Cuando se cumplió una hora ya sabíamos que no iba a haber supervivientes”, expresó John Donnelly, jefe de bomberos y servicios médicos de urgencia del Distrito de Columbia.
El buzo Tim Lilley, padre del copiloto Sam Lilley, recordó el esfuerzo de los rescatistas aquella noche: “El hecho de que se metieran en el agua e hicieran todo lo posible fue asombroso”. En primavera, él y su esposa depositaron flores en el punto donde cayeron las aeronaves. Para muchos padres y familiares, reencontrarse con los objetos recuperados —como pendientes, alianzas o los patines de las niñas que regresaban de una competencia de patinaje— fue una pequeña forma de alivio.
La noche del accidente, a las 8:48 p.m., una llamada de emergencia con la frase “crash crash crash” activó la mayor operación de rescate en la capital desde el 11 de septiembre de 2001. Más de 350 efectivos, entre ellos 30 buzos, respondieron al llamado. “Fue un caos total”, recordó el teniente Sam Short del cuerpo de bomberos de Washington, quien describió la escena como indescriptible.
El jefe Donnelly señaló que además de la recuperación, su prioridad fue proteger la salud física y mental de los intervinientes. Edward Kelly, presidente de la Asociación Internacional de Bomberos, indicó que el sindicato envió refuerzos psicológicos para atender a los socorristas afectados. “Muchos somos padres. Es imposible no pensar en nuestros propios hijos”, comentó.
Durante la conmemoración realizada en Washington, familiares, rescatistas y autoridades rindieron homenaje a las víctimas y a quienes participaron en la operación. Para los buzos y bomberos, continuar encontrando objetos personales en el Potomac fue también una manera de cerrar heridas. “Sabíamos que cada cosa que recuperábamos era importante para sus familias”, dijo el buzo Robert Varga. Y añadió: “Esperamos haberles dado aunque sea una pizca de cierre”.




