El presidente Donald Trump inició el jueves una cumbre con el líder chino Xi Jinping en Pekín, en una visita caracterizada por la pompa y el simbolismo, aunque con pocas expectativas de progreso en temas como comercio, Taiwán o la guerra en Irán.
Trump fue recibido con honores militares en el Gran Salón del Pueblo, donde ambos líderes intercambiaron saludos y posaron para las cámaras. La Plaza Tiananmen fue despejada para la ceremonia, en la que una banda interpretó el himno estadounidense y se disparó una salva de bienvenida. Cientos de niños vestidos con colores brillantes agitaron flores y banderas como parte del protocolo de recepción.
Tras la ceremonia, ambos dirigentes sostuvieron conversaciones bilaterales. Xi dio la bienvenida a su invitado, y Trump devolvió el gesto con elogios: “Usted es un gran líder. Es un honor estar con usted y ser su amigo”, afirmó, anticipando que la relación entre China y Estados Unidos “será mejor que nunca”.
La Casa Blanca aseguró que Trump viajó buscando resultados concretos, con posibles anuncios sobre importaciones chinas de productos estadounidenses como soya, carne y aeronaves, y la propuesta de crear una Junta de Comercio bilateral. Sin embargo, ninguna de las partes ofreció detalles sobre acuerdos específicos.
El contexto internacional complica las negociaciones. La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha afectado el comercio energético y elevado los precios del petróleo, lo que amenaza la estabilidad económica global. Funcionarios estadounidenses, como el secretario de Estado Marco Rubio, han señalado que Washington busca que Beijing use su influencia sobre Teherán para ayudar a contener la crisis. Rubio añadió que resolver el conflicto “está en el interés económico de China”.
Trump, no obstante, ha minimizado la idea de presionar a Xi sobre Irán. “No pienso en la situación financiera de los estadounidenses. Pienso en una sola cosa: no podemos permitir que Irán tenga un arma nuclear”, dijo antes de partir hacia Asia. El vicepresidente JD Vance intentó luego matizar sus palabras ante la prensa.
Otro punto sensible de la agenda es Taiwán. China mostró su malestar por el paquete de armas de $11,000 millones aprobado por la administración Trump para la isla, mientras el mandatario ha mostrado una postura más ambivalente hacia el tema. Taiwán, principal productor mundial de chips, será también clave en las conversaciones sobre tecnologías estratégicas.
En la delegación estadounidense acompañan a Trump figuras como el secretario del Tesoro Scott Bessent, el secretario de Defensa Pete Hegseth y el secretario de Estado Marco Rubio, además de Eric y Lara Trump. También participa Elon Musk, director de SpaceX, y Jensen Huang, jefe ejecutivo de Nvidia, invitado personalmente por Trump.
La visita, que incluye una parada en el histórico Templo del Cielo y un banquete de Estado, busca reforzar la tregua comercial alcanzada el pasado año entre ambas potencias. Aun así, analistas prevén que las cortesías diplomáticas dominarán el encuentro y que los avances sustanciales podrían ser limitados.



