El presidente Donald Trump ofreció el martes una prolongada conferencia de prensa en la Casa Blanca para repasar su primer año de regreso al poder. Lo que debía ser un resumen se convirtió en una presentación de más de 100 minutos, marcada por comentarios dispersos, imitaciones de políticos y críticos, y momentos inusuales en los que arrojó al suelo papeles y fotografías.
Trump inició mostrando imágenes de personas que, según dijo, habían sido arrestadas en Minnesota por agentes de inmigración. “Hago esto porque creo que tenemos mucho tiempo”, comentó con ironía ante el silencio de la sala. El evento tuvo lugar en medio de tensiones nacionales e internacionales, después de que el presidente amenazara a Europa con nuevos aranceles como parte de su insistente intento por controlar Groenlandia, y ordenara la preparación de 1,500 soldados para un posible despliegue en Minneapolis mientras consideraba invocar la Ley de Insurrección.
La conferencia precedió a su viaje a Europa, donde tenía previsto reunirse con líderes mundiales interesados en discutir sus planes globales, incluidos un nuevo cuerpo internacional de paz. Mientras tanto, dentro del país, figuras republicanas lo presionan para atender más los problemas económicos cotidianos de los votantes ante unas elecciones intermedias decisivas.
“Una de las razones por las que hago esta conferencia es porque recibimos un desastre y lo hemos mejorado mucho”, afirmó Trump. Luego mostró una pila de fotos de arrestados, bromeó con los periodistas sobre si estaban aburridos y terminó lanzando las imágenes al suelo. Más tarde, levantó una carpeta rotulada “Logros” y aseguró que leerla completa tomaría más de una semana, antes de dejarla caer también. “Tenemos el mejor país del mundo”, declaró.
Fiel a su estilo, Trump mezcló momentos serios con humor y autopromoción. Admitió que sus mensajes económicos no estaban conectando del todo con los votantes. “Tal vez tengo malas personas de relaciones públicas, pero no lo estamos logrando”, dijo. Durante la conferencia, también hizo comentarios sobre inmigración, comparando a los deportados con los Hell’s Angels, banda de motociclistas a la que terminó elogiando: “Me caen bien los Hell’s Angels. Votaron por mí. De hecho, me protegieron”.
En otro pasaje, recordó una anécdota de infancia sobre una institución psiquiátrica cerca de donde jugaba béisbol, al explicar su intención de reabrir manicomios. El encuentro culminó con un tono religioso, cuando un periodista le preguntó si creía que Dios estaba orgulloso de él. “Sí”, respondió entre risas. “Creo que Dios está muy orgulloso del trabajo que he hecho, y eso incluye la religión”.




