WASHINGTON — Al iniciar su segundo mandato, el presidente Donald Trump ha vuelto a confiar en Jared Kushner, su yerno y ex asesor, para encargarse de algunas de las negociaciones más delicadas de su agenda internacional. Aunque al principio se mantuvo fuera del gobierno, Kushner ha retomado un papel activo en la diplomacia con el objetivo de apoyar al enviado especial Steve Witkoff, magnate inmobiliario sin experiencia previa en asuntos exteriores.
El regreso de Kushner refleja el reconocimiento dentro del círculo cercano de Trump de que su experiencia en diplomacia puede complementar el estilo poco convencional de Witkoff. Hace pocos días, ambos recibieron en Miami al negociador ruso Kirill Dmitriev para discutir propuestas de paz entre Rusia y Ucrania y se reunieron con delegaciones turcas y qataríes sobre la tregua entre Israel y Hamás en Gaza.
Fuentes de la Casa Blanca confirmaron que Kushner y Witkoff mantuvieron contactos recientes con el presidente ruso Vladimir Putin en Moscú, además de reuniones con diplomáticos ucranianos y europeos en Alemania. La combinación de ambos estilos —el pragmatismo empresarial de Witkoff y la diplomacia calculada de Kushner— busca destrabar acuerdos estancados desde hace meses.
“Kushner tiene más recorrido desde la primera administración”, señaló el exembajador Ian Kelly, aunque advirtió que aún es pronto para medir su impacto. Para Trump, en cambio, su yerno sigue siendo “un miembro de confianza de la familia y un asesor de talento”, según la vicesecretaria de prensa Anna Kelly. El portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, lo describió como “un negociador de clase mundial” y aseguró que el secretario de Estado Marco Rubio valora su disposición a servir al país.
Sin embargo, la participación de Kushner ha generado inquietud entre legisladores demócratas y grupos de vigilancia, que cuestionan sus vínculos financieros a través de su firma de inversiones, Affinity Partners, la cual maneja fondos de Arabia Saudí y Qatar. Witkoff también ha enfrentado críticas por su relación con miembros de la familia Trump y su negocio conjunto en criptomonedas financiado parcialmente por Emiratos Árabes Unidos.
“El trabajo que realizamos se ajusta plenamente a la ley”, defendió el abogado de la Casa Blanca, David Warrington, quien destacó el papel decisivo de Kushner en los Acuerdos de Abraham. El propio Kushner respondió a las dudas diciendo: “Lo que algunos llaman conflictos de intereses, Steve y yo lo llamamos experiencia y relaciones de confianza”.
Luego de un periodo alejado de los reflectores, Kushner regresó a escena cuando las negociaciones entre Israel y Hamás se estancaron. Utilizando su conocimiento de los Acuerdos de Abraham, ayudó a reactivar un plan de paz de 20 puntos que aún está en desarrollo. “Siempre traemos a Jared cuando queremos cerrar un acuerdo”, comentó Trump ante la Knesset, el Parlamento de Israel.
Pese a su deseo de regresar a su empresa en Miami y a su vida familiar, Trump volvió a solicitar su apoyo en un frente todavía más complejo: el diálogo de paz entre Rusia y Ucrania. Allí, el presidente confía en que la combinación de persistencia y contactos internacionales de su yerno pueda ofrecer una salida negociada a dos de los conflictos más tensos del escenario global.




