El presidente Donald Trump continúa redefiniendo la dinámica internacional con decisiones que, lejos de fortalecer las alianzas históricas de Estados Unidos, las han puesto en tensión. Entre los más recientes episodios estuvo la revocación de la invitación al primer ministro canadiense, Mark Carney, para unirse a su Junta de Paz, luego de que este mostrara una postura más independiente frente a Washington.
La organización liderada por Trump surgió con el fin de supervisar el alto al fuego en la guerra de Israel contra Hamas, pero varios países temen que evolucione hasta rivalizar con la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En Davos, durante el Foro Económico Mundial, el mandatario recordaba cómo impuso —y luego redujo— aranceles a Suiza tras una llamada telefónica que lo “irritó”. También presionó a Dinamarca para aceptar el intento estadounidense de controlar Groenlandia, advirtiendo que un rechazo sería “recordado”, una amenaza que generó alarma sobre el futuro de la OTAN.
Para la senadora republicana Lisa Murkowski, la frase que resonó en Davos fue que “estamos entrando en un nuevo orden mundial”. Según explicó, la imprevisibilidad de Trump ha llevado a que socios comerciales se pregunten si pueden seguir confiando en Estados Unidos. El propio mandatario ha adoptado una gestión personalista, basada en su idea de que “solo yo puedo solucionar” los problemas del país, un discurso que refuerza su estilo de confrontación.
Steve Bannon, exasesor de Trump, definió su estrategia como “maximalista” y aseguró que el presidente seguirá hasta que encuentre resistencia. Sin embargo, el Congreso republicano ha mostrado poca disposición a limitar sus acciones, lo que ha motivado que otros líderes comiencen a actuar por su cuenta. Mark Carney ha defendido que las potencias medias deben unirse para no quedar “en el menú” de las grandes fuerzas globales. Esa postura lo ha convertido en una figura clave entre los países que buscan equilibrar la influencia de Estados Unidos.
Las declaraciones de Trump no detuvieron a Carney, quien respondió llamando a Canadá “un ejemplo para un mundo a la deriva”. En el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer criticó al presidente por poner en duda la solidez de la OTAN, recordando que el Artículo 5 solo se invocó tras los atentados del 11 de septiembre en apoyo a Estados Unidos. Dinamarca también ha sido blanco de los reproches de Trump, a pesar de su alto sacrificio militar en Afganistán.
El estilo imprevisible del mandatario ha llevado a varios gobiernos a explorar nuevas alianzas, incluso con China. De hecho, Carney se reunió este mes con el presidente Xi Jinping. “Los líderes chinos vieron a un presidente estadounidense insultando a sus aliados y concluyeron que eso solo podría beneficiarlos”, afirmó Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional del expresidente Joe Biden.
Trump no muestra señales de moderar su postura. El Pentágono ha instado a los aliados a encargarse de su propia defensa, mientras el presidente amenazó con un arancel del 100% a las importaciones canadienses si Ottawa avanza con un pacto comercial con Beijing. Para el senador demócrata Chris Coons, el republicano solo cede ante la firmeza. “Intentar complacer a Trump cuando sus demandas son descabelladas no ha dado resultados”, señaló.
Las decisiones unilaterales de Trump podrían reconfigurar el orden global, dejando a Estados Unidos cada vez más aislado, mientras otros países comienzan a definir un nuevo equilibrio de poder.




