Washington — El presidente Donald Trump encara una de las decisiones más cruciales de la guerra con Irán: si desplegar tropas estadounidenses en territorio iraní para asegurar unas 970 libras de uranio enriquecido que, según estimaciones, Teherán podría usar para fabricar armas nucleares.
Aunque Trump ha cambiado las razones para justificar el conflicto, ha reiterado que su principal objetivo, junto a Israel, es impedir que Irán obtenga un arma nuclear. Sin embargo, se ha mostrado reservado sobre cuán lejos está dispuesto a llegar para eliminar definitivamente el programa armamentístico iraní, incluido el control del material nuclear que, según informes, permanece bajo escombros tras bombardeos estadounidenses.
Expertos advierten que la incautación del uranio sería una operación compleja y peligrosa que requeriría un considerable despliegue terrestre. Esto colocaría a Trump en un dilema político, pues ha prometido evitar los prolongados conflictos en Medio Oriente que marcaron a Estados Unidos durante las últimas décadas.
Legisladores como el senador demócrata Richard Blumenthal expresan temor de que el país se vea obligado a enviar tropas a Irán para alcanzar “metas confusas y caóticas”. “Asegurar el uranio no puede hacerse sin presencia física”, advirtió. En contraste, el senador republicano James Risch aseguró que ya existen planes sobre la mesa, aunque no ofreció detalles.
El senador Rick Scott, de Florida, reconoció que no ha recibido información sobre cómo podría lograrse el objetivo sin tropas en el terreno. “No significa que no se pueda, pero nadie me lo ha explicado”, dijo, agregando que “sería útil deshacerse de él”.
Trump y sus asesores han guardado silencio sobre sus deliberaciones. “No voy a hablar de eso”, respondió el presidente cuando fue consultado sobre el tema, afirmando que Estados Unidos ha golpeado a Irán “más fuerte que a ningún país en la historia”. Durante un acto en Kentucky añadió que “no tienen potencial nuclear”.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, indicó que la administración no revelará sus próximos pasos, aunque aseguró que “hay opciones”.
Richard Goldberg, exdirector del Consejo de Seguridad Nacional, señaló que incautar o destruir el uranio sería “factible” si se garantiza la superioridad aérea y se despliegan fuerzas especiales entrenadas para manejar material nuclear. No obstante, una operación así sería más compleja que las incursiones para capturar a Nicolás Maduro o eliminar a Osama bin Laden, debido al acceso difícil y la necesidad de remover toneladas de escombros.
El director del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, afirmó en Washington que la mayor parte del uranio iraní sigue enterrada en las instalaciones bombardeadas de Isfahan, Natanz y Fordow. La directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, sostuvo ante el Senado que los ataques “borraron” el programa nuclear iraní y que no hay señales de que Teherán intente reconstruirlo.
El analista Brandan Buck, del Instituto Cato, estimó que una operación para extraer o destruir el material requeriría al menos 1,000 soldados por sitio y mucho tiempo. Aun así, no actuar implicaría riesgos mayores, ya que los sectores más radicales de Irán podrían reanudar el desarrollo de armas nucleares.
“Trump se ha puesto entre la espada y la pared”, resumió Buck. “Ha perseguido metas maximalistas, pero quiere hacerlo con un esfuerzo mínimo y bajo costo.”




