Se fractura el chavismo tras los cambios de Delcy Rodríguez en Venezuela

Las reformas y acercamientos a Washington impulsados por Delcy Rodríguez provocan tensiones dentro del chavismo.
Los giros políticos de la presidenta encargda, incluido el estrechamiento de lazos con Estados Unidos, crean profundas grietas en el oficialismo venezolano

El lema “Unidos venceremos” ha encarnado durante décadas la fuerza de la revolución de Hugo Chávez, un movimiento que se ha mantenido en el poder en Venezuela por 27 años. Sin embargo, esa unidad empieza a resquebrajarse. Tras la captura por parte de Estados Unidos del entonces presidente Nicolás Maduro en enero, los antiguos leales al chavismo exponen sus discrepancias con la presidenta interina Delcy Rodríguez, mientras surgen rumores de traición dentro del propio gobierno.

Rodríguez, investida el 5 de enero como presidenta encargada, ha modificado pilares clave del chavismo. Ha suavizado la confrontación con Washington, liberado presos políticos, reformado la industria petrolera y reestructurado su gabinete. Estas medidas, junto con la autorización a ejercicios militares de Estados Unidos en Caracas y la deportación del exministro Alex Saab para enfrentar cargos en ese país, han encendido críticas dentro del movimiento.

Figuras históricas del chavismo, como el exvicepresidente Elías Jaua y el comunicador Mario Silva, denuncian una “administración colonial” y sostienen que algunas decisiones se toman desde la Embajada estadounidense. “Los imperialistas no negocian. Conquistan, prueban y sondean hasta que nuestro país se hace añicos”, advirtió Silva en una transmisión en vivo.

Las divisiones se hicieron visibles en las calles el 23 de mayo, cuando un pequeño grupo de manifestantes protestó frente a la Embajada de Estados Unidos con una pancarta que decía “No al simulacro yanqui”. La limitada asistencia reflejó el desgaste de una base política acostumbrada a movilizaciones masivas.

La crisis social y económica provocada durante el mandato de Maduro —que llevó al éxodo de más de 7.7 millones de venezolanos— se agravó con su destitución. Aun así, antiguos aliados han comenzado a cuestionar el rumbo del movimiento. Andrés Izarra, exministro de Chávez y Maduro exiliado en el extranjero, afirmó que las actuales disputas “no son ideológicas, sino una lucha por poder, dinero y supervivencia”.

Las tensiones llegaron incluso a la televisión estatal, cuando el líder colombiano Manuel Caicedo cuestionó públicamente la falta de esfuerzos por liberar a Maduro y a Cilia Flores, detenidos en Nueva York por cargos de narcoterrorismo. Por su parte, la legisladora chavista Iris Varela insinuó que “un infiltrado del gobierno” ayudó a Estados Unidos en la captura de Maduro. “Todo Cristo tiene su Judas”, dijo, aludiendo a una posible traición interna.

Entre ajustes políticos, críticas desde el propio chavismo y un incipiente acercamiento con Washington, el futuro de la llamada revolución bolivariana parece más incierto que nunca.

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