Rusia busca reducir la brecha que la separa de Estados Unidos y otras potencias en la nueva carrera lunar con la colaboración de China, luego del fracaso de su misión Luna-25, que se estrelló en agosto de 2023. Mientras tanto, el país observa desde lejos el avance de misiones como Artemis II, que se prepara para llevar nuevamente astronautas a la órbita lunar.
El director de la agencia espacial rusa Roscosmos, Dmitri Bakánov, anunció ante el Senado ruso que el proyecto federal “Espacio Científico” incluye todas las actividades lunares que Rusia desarrollará junto a China. “En nuestro proyecto con China participan un total de quince países”, afirmó.
Bakánov explicó que actualmente Moscú y Pekín trabajan en la Estación Internacional Científica Lunar. “La Academia de Ciencias de Rusia ya aprobó el concepto de construcción del segmento ruso”, dijo. En mayo de 2025, ambas agencias espaciales firmaron un memorando de entendimiento para la creación de esa estación, donde se realizarán investigaciones fundamentales y pruebas de nuevas tecnologías.
“El programa lunar es una dirección importante de nuestro trabajo. Planificamos investigaciones de la Luna para elegir un lugar de alunizaje y ubicación de la base lunar. En 2026 comenzaremos a desarrollar equipos para estudiar su composición”, detalló Bakánov.
El funcionario también adelantó proyectos para desarrollar un propulsor espacial nuclear con base en los avances del Instituto Kurchátov de Investigaciones Nucleares y de la agencia Rosatom. “Su uso reducirá el tiempo de vuelo a planetas lejanos. Estamos sentando bases importantes para la investigación del espacio profundo. Hemos concluido el diseño previo de un sistema espacial con el reactor nuclear ‘Nuklon’ para misiones que requieran gran energía”, explicó.
El retroceso ruso en el ámbito espacial contrasta con su liderazgo durante el siglo XX. El revés más reciente fue la sonda Luna-25, diseñada para convertirse en la primera nave en alcanzar el polo sur de la Luna. Un fallo en el motor durante una maniobra orbital causó su choque contra la superficie lunar. Este lanzamiento había significado el retorno de Rusia a las misiones lunares tras más de 40 años, desde la última sonda soviética en 1976. Las próximas misiones, Luna-27A y Luna-27B, fueron pospuestas para 2029 y 2030.
Pocos días después del fracaso ruso, India logró alunizar con éxito en el polo sur lunar su sonda Chandrayaan-3, convirtiéndose en el primer país en lograrlo y desplazando del protagonismo a Moscú en la exploración del satélite natural.




