El Reino Unido sancionó a la agencia de inteligencia militar rusa GRU y convocó al embajador de Moscú tras concluir una investigación que responsabilizó al presidente Vladimir Putin del ataque con agente nervioso ocurrido en Salisbury en 2018.
El gobierno británico señaló que el GRU fue sancionado en su totalidad por sus “actos imprudentes”, incluyendo el intento de asesinato contra Sergei Skripal, un exoficial del GRU encarcelado en Rusia por espiar para Gran Bretaña y liberado en 2010 mediante un intercambio. Skripal y su hija Yulia enfermaron gravemente tras exponerse al agente nervioso Novichok aplicado en la puerta de su casa. Ambos, junto con el policía Nick Bailey, sobrevivieron.
Tres meses después, Dawn Sturgess, de 44 años, murió al entrar en contacto con un frasco de perfume que contenía restos del mismo agente, mientras su pareja, Charlie Rowley, logró sobrevivir. El exjuez del Tribunal Supremo británico Anthony Hughes concluyó que el intento de asesinato de Skripal “debió ser autorizado al más alto nivel por el presidente Putin”.
Moscú ha negado toda implicación. En 2018, Putin calificó a Skripal como “un simple canalla” sin interés para el Kremlin.
La investigación también determinó que Sturgess fue una “víctima inocente de un intento de agentes rusos de ejecutar un asesinato en las calles de Salisbury utilizando un agente nervioso altamente tóxico”. Su familia culpó a Rusia por su muerte y criticó al gobierno británico por no haber evaluado correctamente el riesgo ni ofrecer protección adecuada a Skripal.
El Reino Unido ha acusado a tres presuntos agentes del GRU por el ataque, aunque no tiene un tratado de extradición con Rusia, lo que limita las posibilidades de juicio. Novichok es un agente nervioso de grado militar desarrollado por la Unión Soviética al final de la Guerra Fría. Expertos occidentales sostienen que solo Rusia posee capacidad para producirlo, algo que Moscú niega.
Las nuevas sanciones también incluyen a ocho oficiales de inteligencia cibernética del GRU, acusados de haber atacado a Yulia Skripal con malware años antes del atentado. El primer ministro Keir Starmer describió los hallazgos como muestra de la “impactante e imprudente actividad hostil de Rusia en territorio británico” y llamó a mantener la vigilancia ante “la creciente amenaza de Putin y de Rusia”.




