Lo que debía ser un momento de celebración terminó en angustia para la puertorriqueña Anamarí Cabán Torres y su esposo, Mathews Gomes Da Silva, un atleta profesional de fútbol de 29 años con ciudadanía brasileña y mexicana. El martes, mientras acudían a una cita del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) para completar el proceso de ajuste de estatus a residente, Gomes Da Silva fue detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Según relató Cabán Torres a El Nuevo Día, un oficial de USCIS les informó que su trámite había sido aprobado y que recibirían la notificación oficial por correo en dos semanas. Sin embargo, poco después, un agente del ICE entró al lugar acompañado de tres personas más y mostró una orden de arresto. “Nos acababan de felicitar por la aprobación, y de momento lo arrestan. Dicen que es por haber extendido su estadía luego del vencimiento de su visa de turista”, explicó.
La mujer asegura que, a pesar de insistir, los agentes nunca le entregaron copia de la orden. Gomes Da Silva permanece detenido en las instalaciones de la Administración de Servicios Generales en Guaynabo, frente al Centro Metropolitano de Detención (MDC), y no cuenta con expediente criminal.
Cabán Torres denunció además que su esposo firmó un documento en inglés, idioma que no domina, creyendo que autorizaba su traslado temporal. Dijo que, al obtener copia, constató que el texto renunciaba a su derecho a fianza y a una audiencia ante un tribunal de inmigración. “Le hicieron creer otra cosa. Él ya notificó que quiere un abogado, pero le dijeron que no podían hacer nada por él”, afirmó.
El documento indica que Gomes Da Silva fue arrestado porque los agentes creen que se encuentra ilegalmente en Estados Unidos. Para Cabán Torres, la actuación del ICE fue una emboscada: “En ese edificio solo hay personas citadas para actualizar su estatus. No deberían arrestar a nadie allí. Están utilizando esas oficinas para atrapar a la gente”.
La mujer describió la intervención como agresiva y emocionalmente abusiva. “Sentí mucho miedo. El funcionario de USCIS que nos atendió fue testigo de cómo me puse a llorar e hiperventilar. El tono de los agentes fue intimidante”, dijo.
El Nuevo Día solicitó una reacción oficial de la oficina de ICE en Puerto Rico y se encuentra en espera de respuesta.




