En 2025, a lo largo y ancho del archipiélago, los puertorriqueños demostraron una vez más su solidaridad con las comunidades inmigrantes. Ciudadanos de distintas profesiones y oficios se organizaron para ofrecer apoyo en medio de un contexto de creciente persecución y vulnerabilidad.
Algunos acompañaron a niños inmigrantes en su trayecto hacia la escuela, mientras médicos ofrecieron atención desde sus propios hogares, curando heridas y proveyendo medicamentos. Abogados brindaron asesoría sobre derechos civiles y se mantuvieron vigilantes ante los procesos de detención. En los barrios, vecinos documentaron arrestos irregulares y se unieron para suplir alimentos y artículos esenciales a familias necesitadas.
Esta ola de solidaridad refleja, según varios participantes, una “necesidad de actuar” que forma parte de la identidad histórica del pueblo puertorriqueño cuando enfrenta situaciones de injusticia o exclusión. El compromiso comunitario en favor de los inmigrantes se reafirmó con gestos cotidianos de compasión y resistencia civil, recordando que la empatía colectiva sigue siendo un valor esencial de la sociedad isleña.
La periodista Adriana Díaz Tirado destacó que este movimiento voluntario, más allá de las instituciones, ha fortalecido la red humanitaria y reafirmado la vocación solidaria de Puerto Rico frente a los retos migratorios del presente.




