Los recientes comentarios de la gobernadora de Puerto Rico, Jenniffer González Colón, durante las Fiestas de la Calle San Sebastián —cuando afirmó que el navegante Cristóbal Colón entró a la isla por la Ciudad Amurallada— provocaron una oleada de correcciones históricas y burlas en las redes. El tema, sin embargo, sigue siendo una de las mayores incógnitas del pasado boricua: ¿dónde, exactamente, arribó Colón entre el 19 y el 22 de noviembre de 1493?
La mayoría de las fuentes coinciden en que la flota española llegó por la zona oeste, durante el segundo viaje del almirante. El “Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Historia”, en su edición de 1968 con motivo del 475 aniversario del suceso, recopila evidencia que sitúa el desembarco entre los actuales municipios de Aguadilla, Aguada y Añasco.
El primer cronista en señalar el punto fue Fray Íñigo Abbad, en 1787, aunque admitió que su afirmación era una simple conjetura basada en la amplitud y accesibilidad de la bahía entre Aguada y Aguadilla, cercana a la ruta de navegación hacia Santo Domingo. Más tarde, el humanista Pedro Mártir de Anglería se refirió al “último ángulo de occidente”, frase que algunos interpretan como Punta Borinquen, Cabo Rojo o Punta Higüero.
No existe la bitácora del segundo viaje de Colón, lo que impide confirmar el lugar exacto. Sin embargo, los historiadores coinciden en que posteriores navegantes españoles utilizaron ese mismo punto de arribo. En 1500, Vicente Yáñez Pinzón, junto a tres pilotos del segundo viaje colombino, recaló en la isla para abastecerse de agua y oro. Cinco años después, su piloto García Alonso Cansino lo hizo nuevamente en el “Puerto de los Pozos” o “de los Jagüeyes”, término taíno que significa pozos, identificado con la bahía de Aguadilla.
En 1502, Fray Nicolás de Ovando llegó también al lugar con Bartolomé de las Casas a bordo, aunque su descripción fue imprecisa. Cuatro años más tarde, el intérprete Juan González, en un documento de 1506, describió un puerto llamado “la aguada de la boca de un río muy grande llamado Guaorabo”, identificado posteriormente como el río Añasco. Cerca de ese sitio, los españoles levantaron una fortificación y pequeñas edificaciones en tierra del cacique Mabó el Grande.
El primer poblado, denominado La Aguada, fue trasladado en 1510 por Cristóbal de Sotomayor hacia la zona de Guánica. Un año después, el cacique Guarionex destruyó la aldea original, reconstruida más tarde como la Villa de San Germán.
A juzgar por la documentación disponible y el rastro de estos viajes, todo apunta a que el desembarco de 1493 ocurrió, sin duda, en algún punto de la costa occidental de Puerto Rico, entre Aguadilla y Añasco.




