TOKIO — La princesa Aiko de Japón, hija única del emperador Naruhito y la emperatriz Masako, se ha convertido en una figura entrañable para el público, que la recibe con vítores comparables a los de una estrella del pop. Durante su visita a Nagasaki junto a sus padres, los gritos de apoyo hacia Aiko superaron los dirigidos al emperador y la emperatriz, reflejo de su creciente popularidad.
Al cumplir 24 años, el entusiasmo por la joven princesa ha avivado una discusión antigua: la de reformar la ley de sucesión masculina que le impide ascender al trono. Actualmente, el único heredero elegible de la generación más joven es el príncipe Hisahito, sobrino de Naruhito, lo que alimenta la preocupación de los expertos sobre la continuidad de la monarquía japonesa.
Especialistas y simpatizantes sostienen que, si no se levanta la prohibición a las mujeres, la familia imperial podría extinguirse. Sin embargo, los sectores conservadores, encabezados por la Primera Ministra Sanae Takaichi, se oponen a modificar la norma. La situación, dicen los analistas, ya es crítica: la Casa Imperial cuenta hoy con apenas 16 miembros, en comparación con 30 hace tres décadas.
Aiko ha cautivado por su carisma, inteligencia y compromiso. Desde su debut oficial en 2021, ha ganado admiradores y acumulado gestos de cercanía pública. Su viaje a Laos en representación del emperador reforzó su imagen como digna heredera, según muchos japoneses. En redes sociales y medios, sus seguidores piden que se le permita ascender, y algunos, como el dibujante Yoshinori Kobayashi, incluso promueven campañas y cómics en favor de una reforma.
La princesa también inspira por su historia personal: sufrió acoso escolar en la niñez y se graduó recientemente en la Universidad de Gakushuin. Trabaja en la Cruz Roja y acompaña a sus padres en actividades oficiales, siguiendo la línea humanitaria del emperador. “Siempre he deseado que Aiko sea coronada. Su sonrisa me reconforta”, expresó Setsuko Matsuo, superviviente del bombardeo atómico de Nagasaki.
La ley vigente, establecida en 1947, limita la sucesión a varones y obliga a las mujeres de la realeza que se casan con plebeyos a abandonar su título. Aunque Japón ha tenido ocho emperatrices en su historia —la última en el siglo XVIII— el sistema actual excluye esa posibilidad. Propuestas anteriores, como la de 2005, fueron descartadas tras el nacimiento del príncipe Hisahito.
El Comité de Derechos de la Mujer de la ONU ha instado a Japón a reconsiderar la norma por su impacto en la igualdad de género, pero el gobierno calificó esa recomendación de “inapropiada”. Mientras tanto, crece la incertidumbre sobre el futuro de una institución que ha perdurado por más de 1,500 años. Como recordó el profesor Hideya Kawanishi, “la cuestión no es si debe reinar un hombre o una mujer, sino cómo salvar la monarquía japonesa”.




