Políticas migratorias de Trump generan temor entre ciudadanos naturalizados

Las nuevas medidas migratorias y discursos del presidente Donald Trump despiertan inseguridad entre estadounidenses naturalizados.
Lo que consideraban que era la protección fundamental de la naturalización se siente ahora más como arenas movedizas

Cuando Dauda Sesay llegó a Estados Unidos tras huir de la guerra civil en Sierra Leona y vivir casi una década en un campamento de refugiados, desconocía que podría naturalizarse. Con el tiempo, le aseguraron que, si cumplía con las leyes, podría hacerlo y así gozar de la protección del país. Esa promesa lo motivó a convertirse en ciudadano estadounidense: sería parte de su nuevo hogar, con derechos y responsabilidades como el voto, dentro de un vínculo mutuo de compromiso.

“Cuando levanté mi mano y presté el juramento de lealtad, creí en la promesa de pertenencia”, expresó Sesay, de 48 años, residente de Luisiana y activista en favor de los refugiados. Sin embargo, asegura que esa creencia se ha erosionado ante las recientes políticas migratorias impulsadas por el presidente Donald Trump, que buscan endurecer las deportaciones y modificar quién puede considerar a Estados Unidos su hogar. Propuestas como eliminar la ciudadanía por derecho de nacimiento han incrementado la ansiedad de muchos naturalizados.

Algunos temen viajar fuera del país por miedo a ser interrogados o detenidos al regresar. Otros prefieren no desplazarse dentro del territorio tras escuchar casos de ciudadanos arrestados pese a tener su certificado de nacimiento. Aunque no existe evidencia de un aumento en los procesos de desnacionalización durante este mandato, el temor persiste. “Ya no viajo sin mi pasaporte, aunque tengo REAL ID”, confesó Sesay.

En paralelo, el Departamento de Justicia anunció este verano que intensificará los esfuerzos para revocar la ciudadanía a quienes hayan cometido delitos o representen una amenaza para la seguridad nacional. En ese mismo contexto, Trump incluso llegó a cuestionar la ciudadanía del alcalde electo de Nueva York, Zohran Mamdani.

Esa atmósfera de incertidumbre ha llevado a muchos a guardar silencio. Cindy Nava, senadora estatal de Nuevo México y beneficiaria del programa DACA antes de obtener su ciudadanía, afirma que nunca había visto tanto miedo entre ciudadanos naturalizados. “Personas que antes se sentían seguras ahora dudan de lo que significa su estatus”, comentó.

El profesor de historia Stephen Kantrowitz, de la Universidad de Wisconsin-Madison, recordó que el concepto de ciudadanía estadounidense siempre ha sido cambiante: “Cuando se escribió la Constitución, nadie sabía qué significaba ser ciudadano. Era un término indefinido heredado de la tradición revolucionaria francesa”.

La historia de la naturalización en el país ha estado marcada por exclusiones raciales y reinterpretaciones. La primera ley de 1790 solo otorgaba la ciudadanía a “personas blancas libres”. No fue hasta 1965 que se estableció un sistema más equitativo en la distribución de visas. En el pasado, decisiones como el fallo de 1923 en el caso Estados Unidos vs. Bhagat Singh Thind o el internamiento de japoneses-estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial demostraron que la ciudadanía podía ser retirada por razones políticas o raciales.

“Parece una traición”, lamentó Sesay. “A los Estados Unidos de América presté mi juramento de lealtad. Ahora veo un cambio dentro del país. Ese no es el Estados Unidos en el que yo creía cuando puse mi mano sobre el corazón.”

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