Cuando José Manuel Torres de Jesús comenzó a mostrar señales de lo que parecían alucinaciones, su madre, Ana de Jesús, actuó de inmediato para buscar ayuda. El entonces joven de 17 años había tenido una niñez y adolescencia comunes, marcadas por la escuela, el deporte y las travesuras típicas de su edad. Sin embargo, los primeros indicios de su enfermedad mental cambiaron drásticamente la vida de ambos.
El caso de José Manuel refleja la dura realidad que enfrentan cientos de familias en Puerto Rico al lidiar con la falta de recursos para pacientes con condiciones mentales severas. En repetidas ocasiones, los familiares denuncian que las autoridades sanitarias y las instituciones públicas no ofrecen el acompañamiento necesario. Muchos aseguran que, una vez diagnosticados, los pacientes son prácticamente abandonados “como si fuesen basura humana”.
Expertos en salud mental advierten que los servicios disponibles son insuficientes, especialmente para quienes requieren atención continua o especializada. La burocracia, la austeridad presupuestaria y la falta de personal capacitado agravan aún más el problema. Mientras tanto, las familias cargan con el peso emocional, económico y físico de cuidar a sus seres queridos sin apoyo del Estado.
Benjamín Torres Gotay, autor del reportaje, destaca que detrás de cada estadística hay una historia de dolor, impotencia y lucha diaria por conseguir atención médica. Ana de Jesús, como muchas madres, sigue buscando alternativas para su hijo, en un sistema que a menudo parece darle la espalda a quienes más lo necesitan.




