Kinshasa, República Democrática del Congo — El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, llegó a Kinshasa para apoyar los esfuerzos en el combate a un brote del virus del ébola y exhortó a trabajar junto a las comunidades locales para detener su propagación.
La OMS informó el viernes que las autoridades congoleñas han confirmado 125 casos, con 17 muertes verificadas, además de 906 casos sospechosos y 223 muertes bajo investigación. En la vecina Uganda se han registrado nueve contagios y una muerte.
“Venir aquí es mostrarle a la comunidad que no está sola”, expresó Tedros a la prensa en Kinshasa. Agregó que “dar órdenes desde mi oficina en Ginebra es fácil, pero necesitamos colaborar con la gente para que pueda protegerse”. El funcionario enfatizó que aunque el brote “puede detenerse”, la situación es “muy compleja”.
Entre los principales retos mencionó el desplazamiento masivo causado por conflictos armados, la inseguridad alimentaria y la desconfianza hacia el personal médico. La enfermedad fue detectada a mediados de mayo, aunque pudo haberse extendido semanas antes.
El virus Bundibugyo, la variante actual del ébola, no cuenta con vacuna ni tratamiento aprobado. Según Anaïs Legand, del programa de emergencias de la OMS, una recuperación reciente representa “un avance positivo” y se prevé que al menos cinco pacientes más logren sobrevivir. La tasa de letalidad de este tipo de ébola oscila entre el 30% y el 50%.
La Unión Europea envió suministros médicos a Ituri, epicentro del brote, mientras Estados Unidos aportó otros $80 millones, elevando su ayuda total a más de $112 millones. Hospitales de Bunia, como Rwampara y el General, han mejorado su capacidad de respuesta, aunque aún se requieren más insumos, señaló David Munkley, de World Vision.
El ministro de Salud, Samuel Roger Kamba, indicó que se investigan nuevos medicamentos para tratar la enfermedad, cuyos síntomas iniciales pueden confundirse con otras infecciones. Por su parte, Jean Kaseya, jefe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, prometió que el continente contará con una vacuna y tratamiento para el virus Bundibugyo antes de fin de año.
La respuesta enfrenta obstáculos adicionales: ataques contra centros de salud, tensiones por los protocolos funerarios y operativos armados en Ituri por parte de las Fuerzas Democráticas Aliadas y grupos afines al Estado Islámico. La enfermedad también se ha reportado en Kivu del Norte y Kivu del Sur, donde actúan rebeldes del M23 respaldados por Ruanda.
Tedros advirtió contra las prohibiciones de viaje, luego de que Uganda cerrara su frontera con el Congo. “Hay maneras de manejar los casos sin restricciones extremas”, dijo. Sin embargo, el gobierno de Trump impuso una suspensión temporal de entrada a Estados Unidos para personas que hayan estado en Congo, Uganda o Sudán del Sur.
Más de 230 empleados de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) participan en la respuesta, aunque algunos expresaron preocupación por la falta de garantías para ser repatriados si se contagian. La Coalición Nacional de Salud Pública calificó cualquier negativa del gobierno estadounidense a repatriar a trabajadores infectados como “un abandono del deber”.




