LONDRES – Miles de personas vitorearon y bailaron alrededor de Stonehenge al amanecer de este domingo, cuando el Sol marcó el Solsticio de Invierno sobre el famoso círculo de piedras prehistóricas del suroeste de Inglaterra.
La multitud, muchos de ellos disfrazados, se congregó antes del amanecer, esperando pacientemente en el frío y oscuro campo. Algunos tocaban tambores y cantaban, mientras otros preferían la reflexión silenciosa entre los enormes pilares de piedra.
Cada año, tanto en verano como en invierno, miles de personas peregrinan hasta este sitio considerado sagrado por muchos, que describen la experiencia como espiritual y renovadora. Stonehenge, erigido hace unos 5,000 a 3,500 años, fue diseñado para alinearse con el movimiento del sol durante los solsticios, fechas que marcaban momentos cruciales en el calendario agrícola de las civilizaciones antiguas.
El domingo representó el día más corto del año en el hemisferio norte, donde el fenómeno anuncia el comienzo del invierno astronómico. En contraste, en el hemisferio sur el mismo día marca el inicio del verano y la jornada más larga del año.
Aunque el Sol alcanza su punto más bajo y su recorrido más breve en el cielo, para muchos esta fecha simboliza la renovación. Desde ese momento, el Sol comienza a ascender y los días se alargan poco a poco hasta el siguiente solsticio en junio.




