Bruselas — La Unión Europea (UE) aprobó un paquete de préstamos por $106,000 millones para ayudar a Ucrania a cubrir sus necesidades económicas y militares durante los próximos dos años. La decisión se produjo después de que el petróleo comenzara nuevamente a fluir a Hungría y Eslovaquia a través de un oleoducto clave, poniendo fin a meses de estancamiento político.
El acuerdo coincidió con la aprobación de una nueva serie de sanciones contra Rusia por su guerra contra Ucrania, medidas que habían sido pospuestas debido a la oposición de Hungría y Eslovaquia. Ambas naciones se habían visto afectadas por la interrupción del suministro de crudo ruso en enero, cuando el oleoducto Druzhba fue dañado por lo que Ucrania atribuyó a ataques de drones rusos.
Ucrania, cuya economía ha sido devastada por el conflicto, considera vital la ayuda europea para sostener sus operaciones militares y la producción interna. Los fondos estarán disponibles en las próximas semanas, según funcionarios del bloque.
“Prometido, cumplido, implementado”, publicó el Presidente del Consejo Europeo, António Costa, quien subrayó que la prioridad ahora debe ser avanzar en la adhesión de Ucrania a la UE. Por su parte, el Presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, agradeció el respaldo europeo y destacó que los fondos fortalecerán al ejército ucraniano y la capacidad productiva del país.
La reanudación del flujo petrolero fue confirmada por el grupo energético húngaro MOL, tras casi tres meses de interrupción. El primer ministro eslovaco, Robert Fico, consideró el hecho como “una buena noticia” y expresó su esperanza de que se establezca una relación más seria entre Ucrania y la Unión Europea.
Aun así, las divergencias entre los miembros del bloque persisten. El primer ministro nacionalista húngaro, Viktor Orbán, había acusado a Ucrania de retrasar deliberadamente las reparaciones del oleoducto, afirmación que Zelensky negó. Orbán también había bloqueado reiteradamente la ayuda a Kiev, generando tensiones con los otros 24 países de la UE.
La polémica reavivó el debate sobre el sistema de votación unánime dentro de la Unión Europea, que puede detener decisiones estratégicas por intereses nacionales. Inicialmente se propuso usar activos rusos congelados como garantía del préstamo, pero Bélgica bloqueó esa opción.
En paralelo, la UE amplió sus sanciones contra Rusia, afectando a unos 40 barcos vinculados a la llamada “flota en la sombra” dedicada al transporte ilegal de petróleo, así como a más de 60 entidades rusas adicionales. La lista sancionada supera ahora las 2,600 personas y organizaciones, incluyendo al Presidente ruso Vladimir Putin, sus aliados políticos, oligarcas y legisladores. Los bancos rusos y las criptomonedas también fueron objeto de restricciones.
Las sanciones buscan reducir los ingresos petroleros que sostienen la economía rusa y financian su maquinaria de guerra, mientras el bloque europeo refuerza su apoyo a Ucrania y su independencia energética.



