El presidente Donald Trump se sometió el martes a un examen médico de rutina en el Centro Médico Militar Nacional Walter Reed, en medio de un renovado escrutinio público sobre su estado de salud. El mandatario, de 79 años, permaneció más de tres horas en el lugar para lo que la Casa Blanca describió como chequeos médicos y dentales preventivos. En redes sociales, Trump aseguró que completó su “examen físico de seis meses” y que “todo salió perfectamente”.
Hasta el momento, la Casa Blanca no ha difundido un informe oficial del personal médico. La administración destacó, no obstante, que el presidente goza de excelente salud. “El presidente Trump es el presidente más agudo y accesible en la historia de Estados Unidos, trabaja sin descanso para resolver problemas y se mantiene en excelente estado de salud”, dijo el portavoz Davis Ingle.
Trump, quien cumplirá 80 años el próximo mes, es la persona de mayor edad elegida presidente del país. Su antecesor, Joe Biden, tenía 82 años al salir del cargo. Un sondeo de Washington Post/ABC News/Ipsos reveló que menos de la mitad de los estadounidenses considera que Trump dispone de la salud mental y física necesaria para ejercer el cargo.
El doctor Jeffrey Kuhlman, médico de la Casa Blanca en las administraciones de Obama, Bush y Clinton, señaló que la preocupación por la salud física del mandatario está “en un máximo histórico” debido principalmente a su edad. Según el médico, para un paciente de su edad debe incluirse un examen cardíaco avanzado, pruebas de cáncer y una evaluación cognitiva.
Aunque la Casa Blanca expresó confianza en los resultados, no ofreció detalles sobre las pruebas realizadas. No existe una ley que obligue a los presidentes a publicar sus expedientes médicos, por lo que el nivel de transparencia depende de cada administración.
Trump ha bromeado sobre su gusto por la comida rápida y su falta de ejercicio, pero asegura sentirse “tan bien como hace 50 años”. También ha reconocido tomar precauciones al descender del Air Force One para evitar tropiezos. En público, suele cubrir con maquillaje los moretones en sus manos, que según la Casa Blanca se deben al uso de aspirina y los frecuentes apretones de manos.
Algunos informes médicos anteriores de Trump incluyeron la prueba cognitiva Montreal Cognitive Assessment, en la que obtuvo la puntuación máxima (30 sobre 30) en 2018 y 2025. Sin embargo, críticos han señalado su retórica errática y episodios de aparente somnolencia como señales de posible deterioro cognitivo.
El mes pasado, más de 30 neurólogos y psiquiatras advirtieron sobre un “deterioro cada vez más peligroso” en su comportamiento, aunque reconocieron no haberlo examinado directamente. Ingle respondió que “el uso de diagnósticos de escritorio con fines políticos” viola el juramento hipocrático.
La bioeticista Sara Rosenthal, de la Universidad de Kentucky, recordó que los presidentes deciden qué información médica divulgar y aseguró que “podemos esperar poca transparencia a menos que estén en perfecto estado”. Propuso la creación de una entidad médica independiente que evalúe la salud del presidente y de la línea de sucesión.
Trump fue diagnosticado en julio pasado con insuficiencia venosa crónica, una condición común en adultos mayores que provoca hinchazón leve en las piernas. A pesar de ello, su médico declaró que el mandatario mantiene una “salud excepcional”. Otros expertos, como S. Jay Olshansky, de la Universidad de Illinois, consideraron normal la frecuencia de sus chequeos, aunque reclamaron mayor apertura: “Nada debería ocultarse”.




