La Patrulla Fronteriza de Estados Unidos ha extendido su vigilancia más allá de las fronteras, siguiendo a millones de conductores dentro del país mediante un sistema de inteligencia predictiva que analiza patrones de viaje. La investigación de The Associated Press revela que este programa secreto utiliza lectores de matrículas y algoritmos para identificar trayectos considerados fuera de lo común. Basándose en esos datos, agentes federales alertan a policías estatales o locales, quienes detienen a los conductores bajo pretextos menores, como exceso de velocidad o defectos en el vehículo.
El sistema, diseñado para detectar actividades relacionadas con el tráfico de drogas o personas, se ha expandido en los últimos años con la ayuda de la Administración para el Control de Drogas y empresas privadas que facilitan redes de cámaras y reconocimiento facial. Según documentos revisados por la AP, la agencia ha colocado cámaras incluso a más de 190 kilómetros de la frontera mexicana, en ciudades como Phoenix y Detroit.
Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos (CBP), la agencia matriz, sostuvo que este programa tiene como objetivo desarticular redes criminales y se rige por las protecciones constitucionales. Sin embargo, expertos legales advierten que la expansión de estas redes de vigilancia podría plantear problemas con la Cuarta Enmienda, que protege a los ciudadanos de registros no razonables.
La investigación revela que los agentes denominan estas detenciones “paradas susurradas”, porque ocultan que provienen de inteligencia federal. En casos como los de Lorenzo Gutiérrez Lugo y Alek Schott, ambos detenidos en Texas, no se hallaron delitos. Gutiérrez fue arrestado por portar efectivo de su trabajo como camionero y Schott denunció a las autoridades por violar sus derechos. “Lo que encontramos fue un sistema de vigilancia masiva que amenaza la libertad de movimiento”, dijo su abogada Christie Hebert.
El programa también se alimenta de datos obtenidos de empresas privadas como Rekor, Vigilant Solutions y Flock Safety, que han colaborado con el CBP. A través de decenas de subvenciones federales, como la Operación Stonegarden, la Patrulla Fronteriza ha financiado equipos de vigilancia y horas extra de policías locales en Texas, Arizona y California.
Especialistas como Nicole Ozer, de la UC Law San Francisco, advierten que este tipo de vigilancia masiva “no hace que las comunidades sean más seguras”, mientras juristas señalan que el uso de algoritmos para rastrear vehículos y construir “patrones de vida” de los ciudadanos representa un riesgo para la privacidad. Pese a las críticas, la CBP continúa ampliando la red de cámaras, bases de datos y cooperación con otras agencias, transformándose, según antiguos funcionarios, en un organismo de inteligencia interna con alcance nacional.




