Keith Avery, Director General de la Cooperativa Eléctrica de Newberry, en Carolina del Sur, comienza cada mañana revisando The Weather Channel antes de coordinar a sus equipos. Esta semana, su foco está en una tormenta de hielo que podría dejar sin electricidad a miles de hogares. “Odio las tormentas de hielo. Son peores que los huracanes”, afirmó.
Avery ya enfrentó desastres antes, como cuando los restos del huracán Helene de 2024 dejaron sin luz a casi todos sus 14,000 clientes. Sin embargo, teme más las tormentas de hielo, porque los cables y árboles cargados de hielo pueden seguir cayendo incluso días después del paso del mal tiempo.
Las autoridades han emitido alertas para los dos tercios orientales de Estados Unidos. En el sur, donde la mayoría de los hogares dependen de la electricidad para calefacción, un apagón puede representar un riesgo grave. Según la Oficina del Censo, estados como Alabama, Georgia, Tennessee, y Texas utilizan principalmente energía eléctrica para calentar sus viviendas.
Texas recuerda bien los daños de la tormenta invernal Uri de 2021, que paralizó la red eléctrica estatal durante cinco días y causó 246 muertes. Georg Rute, Director General de Gridraven, sostiene que la lección principal fue exigir a las compañías eléctricas que se preparen mejor para el frío extremo. Aunque se han tomado medidas desde entonces, advierte que las líneas de transmisión siguen siendo vulnerables.
El gobernador Greg Abbott aseguró que la red de Texas, operada por ERCOT, está preparada. “La red ERCOT nunca ha sido tan fuerte, nunca ha estado tan preparada”, dijo, aunque reconoció que el peso del hielo podría causar apagones locales.
Los apagones afectan más a las comunidades vulnerables. Jennifer Laird, profesora de sociología del Lehman College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, explicó que durante la tormenta Uri los cortes fueron más frecuentes y prolongados en áreas predominantemente hispanas y negras. También señaló que la dependencia eléctrica deja al descubierto fragilidades desconocidas: equipos médicos, refrigeración de alimentos o leche materna, y hogares sin planes de contingencia. “Dependemos de la energía de muchas maneras de las que no nos damos cuenta hasta una crisis”, dijo.
Incluso si el impacto no es severo, millones podrían sentir el golpe económico. Una de cada seis familias ya enfrenta retrasos en el pago de facturas eléctricas, y con la ola de frío, ese número podría aumentar significativamente.
Mientras tanto, compañías como Duke Energy han pedido a sus 4.6 millones de clientes en las Carolinas prepararse para varios días sin electricidad. Más de 18,000 trabajadores estarán listos para responder cuando las condiciones lo permitan. La Tennessee Valley Authority, que sirve a siete estados del sureste, aseguró haber invertido cientos de millones de dólares en modernización desde 2022. “Se necesita mucha nieve y hielo para tumbar una de esas grandes líneas”, dijo su portavoz, Scott Brooks.




