A lo largo del siglo XIX, más de 3,000 franceses se establecieron en Puerto Rico, dejando una profunda huella en la sociedad y la economía de la isla. Así lo revela la historiadora María Dolores Luque de Sánchez, directora asociada del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad de Puerto Rico, en su ensayo “Con pasaporte francés en el Puerto Rico del siglo XIX (1778-1850)”.
Aunque esa cifra pueda parecer pequeña, el grupo tuvo un gran impacto. Muchos de estos inmigrantes llegaron con conocimientos avanzados en el cultivo de caña, café y algodón, y contaban con el capital necesario para impulsar industrias agrícolas. Cuatro grupos principales migraron al país: los franceses criollos del Caribe, los de Norteamérica, los de Francia continental y los provenientes de la isla de Córcega.
Según Luque de Sánchez, las zonas de mayor emigración fueron Córcega, Burdeos, Marsella, Nantes, Bayona, Normandía, París, los Pirineos, La Rochelle y Tolosa. De hecho, los corsos representaron el 65% de los europeos y el 37% del total de inmigrantes franceses. Muchos se instalaron en el sur y oeste de la isla —principalmente en Mayagüez, Ponce, Guayama, Yauco, Patillas y San Germán— debido a los conflictos políticos y económicos que marcaron la época en Europa y el Caribe.
El levantamiento de esclavos en la colonia francesa de St. Domingue (actual Haití) en 1791 provocó la huida de miles de colonos hacia islas vecinas como Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico. El gobierno español acogió esta migración, viendo en ella una oportunidad para reactivar la economía agrícola. Gracias a estos colonos, las exportaciones de azúcar, café, tabaco y algodón aumentaron de $57,500 en 1803 a $662,630 en 1810.
Durante las Guerras Napoleónicas (1803-1815), las autoridades españolas en la isla observaron con cautela la presencia francesa, especialmente la de los corsos, por la llegada del corso Napoleón Bonaparte al poder. Sin embargo, muchos inmigrantes permanecieron y se integraron plenamente a la sociedad puertorriqueña.
Los registros históricos muestran que el 42% de los franceses eran agricultores, el 37% labradores, un 10% hacendados y otro 10% mayordomos. Su participación fue decisiva en municipios como Yauco, San Germán, Ponce y Guayanilla. Algunos, como Francis Quinquin de Guadalupe y Antonio Duprat de Martinica, llegaron con capitales de hasta 91,000 y 26,000 pesos respectivamente. En total, las inversiones francesas alcanzaron los 646,231 pesos, y se introdujeron más de 1,000 esclavos, concentrados principalmente en Ponce, Mayagüez y Patillas.
Entre los apellidos de origen corso identificados en Puerto Rico por la Asociación de Corsos se encuentran Agostini, Alers, Benedetti, Casanova, Costa, Crescioni, Dominici, Fantauzzi, Fraticelli, Giusti, Lamberti, Lucchetti, Massol, Mattei, Negroni, Olivieri y Palazzi. Estos nombres siguen presentes en la isla como testimonio de una migración que moldeó sectores económicos y culturales, dejando un legado duradero en la identidad puertorriqueña.




