La guerra en Irán se convierte en una prueba de resistencia y caos regional

El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán desata una escalada global que sacude la economía y la estabilidad de Oriente Medio.
La situación con el petróleo apunta a lo que podría ser el arma más eficaz del país y la mayor vulnerabilidad de Estados Unidos

La guerra con Irán, con toda su complejidad y sus efectos globales, se ha convertido en una prueba de resistencia: quién puede soportar más dolor. El aumento de los precios del petróleo se ha transformado en el arma más poderosa de Irán y en la vulnerabilidad más peligrosa de Estados Unidos, al provocar efectos devastadores en la economía mundial, los mercados financieros y el transporte internacional.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció el riesgo. El petróleo llegó a cotizarse a casi 120 dólares por barril, su nivel más alto desde 2022. Aunque aseguró que la guerra sería “a corto plazo”, en el mismo discurso prometió continuar la ofensiva y el castigo contra Irán.

La República Islámica, sometida a bombardeos casi constantes de las fuerzas estadounidenses e israelíes, ha logrado mantener la cohesión de su liderazgo y fuerzas armadas. La población, exhausta y reprimida, evita las calles tras haber protagonizado protestas a inicios de año. Mientras tanto, los aliados de Washington enfrentan también la presión: los estados árabes del Golfo sufren ataques iraníes que impactan su infraestructura energética, e Israel convive con misiles cada vez más precisos que paralizan la vida diaria con sirenas y cierres.

Sin señales de un fin cercano, la retórica de ambos bandos remite a décadas de enemistad. Desde Teherán, el funcionario del Ministerio de Exteriores Kazem Gharibabadi declaró que Irán “lleva la ventaja” y rechazó ofertas de mediación provenientes de China, Francia y Rusia. Según dijo, será Irán quien “determine el fin de la guerra”.

La estrategia iraní ha sido provocar el caos. Antes del inicio del conflicto, el 28 de febrero, Teherán había advertido que atacaría la infraestructura petrolera del Golfo si era agredido. Ahora ha cumplido su amenaza: misiles y drones han interrumpido la producción de gas en Qatar y las operaciones petroleras de Bahrein, afectando también a Saudi Aramco. El cierre del estrecho de Ormuz ha paralizado el transporte marítimo mundial de crudo y gas, agravando la crisis energética.

Trump advirtió que si Irán bloqueaba el estrecho, “serán golpeados por Estados Unidos veinte veces más fuerte” y amenazó con ataques devastadores. La Guardia Revolucionaria respondió que no permitirá que salga “ni un solo litro de petróleo” del golfo Pérsico.

En cuanto al significado de “victoria”, para Irán este consiste en sobrevivir y conservar el poder teocrático. Trump, por su parte, ha sido ambiguo, alternando entre derrocar al régimen iraní y solo neutralizar su amenaza regional. Esa ambigüedad le da margen para reclamar una victoria si el conflicto daña la economía estadounidense y obliga a frenar la guerra.

Aun así, el desafío persiste. Israel y Estados Unidos enfrentan el ascenso de un nuevo líder en Teherán: Mojtaba Jamenei, hijo del fallecido ayatolá Alí Jamenei, asesinado al inicio de la guerra. Considerado más radical y cercano a la Guardia Revolucionaria, su llegada al poder aumenta las tensiones. Además, Irán mantiene reservas de uranio altamente enriquecido, pese a los bombardeos estadounidenses sobre sus instalaciones. Mojtaba podría incluso emitir una fatua que autorice su uso militar, una decisión que tanto Washington como Israel temen profundamente.

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