Budapest, Hungría – Cuando el presidente Donald Trump regresó a la Casa Blanca el año pasado, buscaba reactivar sus vínculos con la derecha europea. Sin embargo, la guerra con Irán ha erosionado esa alianza: varios líderes nacionalistas han tomado distancia, criticando abiertamente sus acciones militares.
Aunque el vicepresidente JD Vance hizo campaña en Hungría por el primer ministro Viktor Orbán, este tipo de respaldo es ya la excepción. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, rechazó permitir el uso de una base aérea en Sicilia para ataques estadounidenses, mientras que la francesa Marine Le Pen calificó los planes bélicos de Trump de “erráticos”. En Alemania, un dirigente del partido Alternativa para Alemania pidió la salida de las tropas estadounidenses.
Pese a un cese al fuego provisional con Irán, el apoyo de Trump a Orbán podría volverse en contra del líder húngaro, quien encara elecciones decisivas. Orbán ha sido durante años referente para la derecha global y aliado predilecto de los conservadores estadounidenses, pero ahora su cercanía con Washington podría volverse un riesgo político. “Recibir una bendición de Donald Trump ahora es una bendición a medias”, comentó Charles Kupchan, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Georgetown.
La crisis con Irán se suma a las tensiones causadas por las exigencias de Trump a Dinamarca y su insistencia en que el país entregue Groenlandia a Estados Unidos. El mandatario se quejó además de la falta de apoyo de la OTAN, escribiendo en redes sociales: “LA OTAN NO ESTUVO AHÍ CUANDO LOS NECESITAMOS… ¡¡¡RECUERDEN GROENLANDIA!!!”.
El exembajador Daniel Baer, del Departamento de Estado bajo Barack Obama, señaló que esta nueva ronda de fricciones evidencia los límites del plan de Trump de unir a los nacionalistas del mundo. “Construir una coalición internacional en torno al chovinismo nacional es muy difícil”, dijo.
A diferencia de otros líderes, Viktor Orbán ha evitado criticar a Trump. En una entrevista reciente aseguró que aún es pronto para saber si los ataques estadounidenses acercan o alejan a la paz. Su cautela responde también al intento de convencer a los votantes de que su cercanía con Trump y con el presidente ruso Vladímir Putin fortalece la posición internacional de Hungría.
Esta semana, Orbán recibió el respaldo de JD Vance, quien criticó a la Unión Europea por “injerencia extranjera” y alabó una universidad financiada por el gobierno húngaro. Algunos analistas, como Mario Bikarsku de Verisk Maplecroft, advierten que esa visita podría debilitar al primer ministro en lugar de fortalecerlo.
Kupchan sostuvo que los partidos de extrema derecha europeos ya no dependen de ninguna figura estadounidense. “El auge de movimientos como Reformar Reino Unido, AfD o la Agrupación Nacional responde más a factores domésticos que a Trump”, dijo. En el caso de Hungría, añadió, el desgaste de gobernar más de 16 años podría pasar factura a Orbán. “Vivimos en una época en la que ser el que gobierna es un fastidio”, resumió.
Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.




