Cuando las hijas de Inés Marrero Ortiz tenían apenas 1, 3 y 5 años, aún no comprendían la magnitud de la decisión que su madre tomó para resguardar sus vidas. En 1999, Marrero Ortiz decidió poner fin al ciclo de violencia doméstica ejercida por el padre de sus hijas y escapar para protegerlas.
Aquella determinación marcó el inicio de una nueva etapa. Mientras enfrentaba las dificultades de criar sola a tres niñas pequeñas, la madre puertorriqueña se cuestionaba si lograría que ellas fueran profesionales, buenas personas y si estaba tomando el camino correcto.
Hoy, su historia refleja el poder de la valentía y la esperanza frente a la violencia, y cómo una decisión a tiempo puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.




