El líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, declaró que su país, dotado de armas nucleares, podría “destruir completamente” a Corea del Sur si percibe que su seguridad está en peligro. Según medios estatales, Kim reiteró su negativa a dialogar con Seúl, aunque mostró disposición a conversar con Washington al concluir un congreso del Partido de los Trabajadores en Pyongyang.
Durante el congreso, Kim insistió en acelerar el desarrollo de armamento avanzado, incluyendo misiles balísticos intercontinentales lanzables desde plataformas submarinas y un mayor arsenal de armas nucleares tácticas. También propuso crear drones de ataque con inteligencia artificial y sistemas de guerra electrónica para neutralizar bases enemigas.
El evento político, que duró siete días, cerró con un desfile militar en la capital. Kim asistió acompañado por su hija, Kim Ju Ae, de unos 13 años, quien fue protagonista visible junto a su padre. Los medios estatales mostraron una parada menos bélica, sin exhibir los misiles intercontinentales más poderosos del país, lo que algunos analistas interpretaron como un gesto hacia Washington para mantener abiertas las vías diplomáticas.
Kim reafirmó que el desarrollo de su programa nuclear “cimentó permanentemente” el estatus de Corea del Norte como potencia atómica. Además, pidió a Estados Unidos que abandone sus “políticas hostiles” si busca reanudar el diálogo suspendido desde 2019, año en que fracasó su segunda cumbre con el presidente Donald Trump. Aseguró que las relaciones bilaterales “dependen totalmente de la actitud de Estados Unidos” y advirtió que Pyongyang está preparado tanto para la coexistencia pacífica como para la confrontación.
El líder también endureció su discurso hacia Corea del Sur, a la que calificó como “enemigo permanente” y excluyó de la idea de nación compartida. Sostuvo que Seúl solo estaría segura si corta todos sus vínculos con el Norte y evita provocaciones. El Ministerio de Unificación surcoreano lamentó las declaraciones e insistió en que continuará sus esfuerzos por la estabilidad y la paz en la península.
Analistas apuntan que Kim busca consolidar su autoridad interna y reforzar su papel regional apoyándose en su arsenal nuclear y en las alianzas estratégicas con Moscú y Pekín. En los últimos meses, ha fortalecido la cooperación con Rusia, enviando tropas y armamento en apoyo a la guerra en Ucrania, supuestamente a cambio de asistencia tecnológica y militar.
Corea del Norte asegura haber avanzado en la construcción de un submarino de propulsión nuclear y en la puesta en órbita de un satélite militar, como parte de su estrategia para modernizar su defensa antes de 2030. Los expertos ven en estos movimientos una señal del interés de Kim en mantener su influencia geopolítica mediante una carrera armamentista cada vez más sofisticada.




