El Cairo— El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, sofocó las protestas que sacudieron al país el mes pasado mediante la represión más sangrienta de sus casi cuatro décadas en el poder. Ahora, con una flotilla estadounidense cerca, Jamenei, de 86 años, intenta evitar un posible ataque estadounidense.
Ha advertido que si el presidente estadounidense Donald Trump ordena un ataque, se desatará una guerra regional. Al mismo tiempo, permitió que Irán iniciara negociaciones con Estados Unidos sobre su programa nuclear, revirtiendo su rechazo previo a dialogar.
La dureza de la represión refleja el temor del liderazgo iraní ante una ira popular alimentada por años de sanciones, mala gestión económica y corrupción, que han devastado la economía y erosionado a la clase media. Durante las protestas de enero se escucharon consignas de “¡Muerte a Jamenei!”, evidenciando el resentimiento contra el gobierno clerical.
A estas tensiones internas se suman los efectos de los bombardeos israelíes y estadounidenses durante la guerra de 12 días del verano pasado, que dañaron el programa nuclear, los sistemas de misiles y las capacidades militares de Irán. Además, la red de aliados regionales de Irán —Hamás en Gaza y Hezbolá en Líbano, conocida como el “Eje de la Resistencia”— se ha debilitado notablemente.
Pese a ello, Jamenei y la Guardia Revolucionaria demostraron su férreo control: miles de personas murieron, decenas de miles fueron detenidas y el acceso a Internet fue restringido durante semanas.
Jamenei llegó al poder en 1989 y transformó la República Islámica al consolidar el dominio clerical y fortalecer a la Guardia Revolucionaria como actor central en la política, la seguridad y la economía. A lo largo de su mandato, ha neutralizado movimientos reformistas y aplastado sucesivas olas de protestas, incluidas las de 2009, 2017, 2019 y 2022.
La represión más reciente comenzó a finales de diciembre tras el desplome del rial a 1.42 millones por dólar. Jamenei ordenó “poner en su sitio a los alborotadores”, lo que derivó en disparos contra manifestantes. Activistas reportan más de 6,700 muertes, mientras el gobierno reconoce 3,117.
Al aceptar negociaciones nucleares, Jamenei podría estar buscando ganar tiempo y evitar ataques aéreos. Turquía, Egipto, Omán, Pakistán, Qatar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos han mediado para organizar conversaciones. Sin embargo, persisten grandes diferencias: Irán rechaza detener el enriquecimiento nuclear o entregar sus reservas de uranio.
Trump ha sido ambiguo sobre los posibles objetivos militares, usando la amenaza para presionar a Irán en las negociaciones. Mientras algunos opositores esperan una intervención externa, otros la rechazan. La incertidumbre también abre la pregunta sobre la sucesión de Jamenei y el papel dominante de la Guardia Revolucionaria tras su eventual partida.




