Irán y Estados Unidos concluyeron este jueves su tercera ronda de negociaciones del año sobre el programa nuclear iraní, marcada por declaraciones optimistas y el anuncio de una próxima reunión. El tono positivo aleja, al menos temporalmente, la amenaza de un ataque militar estadounidense.
El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abás Araqchi, afirmó que las conversaciones indirectas fueron de las más serias hasta la fecha y destacó que se lograron buenos avances. Las reuniones se extendieron por unas seis horas en total, duplicando la duración de la ronda previa.
Araqchi declaró que durante las largas horas de intercambio de ideas y mensajes “se entró seriamente en los elementos de un acuerdo” y señaló que las posiciones de ambas partes “se han acercado, aunque todavía existen diferencias”.
El ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr bin Hamad al Busaidi, quien funge como mediador, confirmó que se alcanzó un “progreso significativo”. Las conversaciones continuarán el próximo lunes en Viena, sede del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), donde se abordarán aspectos técnicos.
Por primera vez, el director general del OIEA, el argentino Rafael Grossi, estuvo presente en el recinto de las negociaciones, ubicado en la residencia del embajador de Omán en Ginebra. Grossi ya había dialogado con las delegaciones antes del inicio de estas rondas. Su agencia, parte del sistema de Naciones Unidas, sería la encargada de reanudar las inspecciones en los sitios nucleares iraníes si se alcanza un acuerdo.
Mientras tanto, Estados Unidos mantiene su política de máxima presión sobre Irán desde inicios de año, en medio de una revuelta interna que fue violentamente reprimida y que, según reconoció el propio Gobierno iraní, dejó miles de muertos. El presidente estadounidense, Donald Trump, ordenó un importante despliegue aeronaval en torno al país persa como advertencia en caso de que no se logren resultados diplomáticos.
En el centro de las negociaciones está el programa nuclear de Irán, que Teherán insiste tiene fines exclusivamente civiles. Washington, sin embargo, busca limitarlo para impedir que el país pueda desarrollar armamento atómico. Estados Unidos ha exigido además la entrega de más de 400 kilogramos de uranio enriquecido, considerado un exceso respecto a sus necesidades civiles, algo que Irán rechaza.
Irán también procura mantener fuera del diálogo su programa de misiles balísticos, insistiendo en que cualquier discusión sobre ese tema debería realizarse en un proceso aparte.




