Budapest – Tras un verdadero terremoto electoral en el que los votantes rechazaron abrumadoramente al primer ministro prorruso Viktor Orbán, Hungría se prepara para un nuevo capítulo bajo el liderazgo de Péter Magyar. El reformista proeuropeo ha prometido transformar profundamente la cultura política del país.
La victoria de Magyar, celebrada con júbilo en las calles de Budapest, atrajo a decenas de miles de personas –muchas de ellas jóvenes– que vieron en su triunfo una oportunidad para recuperar una Hungría más libre, más feliz y arraigada en las democracias europeas. Adrien Rixer, quien viajó desde Londres solo para votar, expresó su entusiasmo: “Por fin puedo decir que soy un húngaro orgulloso, por fin después de 16 años”.
Durante su campaña, Magyar prometió poner fin al acercamiento con Rusia y reconstruir los lazos con los aliados europeos. Señaló que, tras 16 años de gobierno autocrático bajo Orbán, su prioridad será erradicar la corrupción y construir una Hungría “pacífica, funcional y humana”.
El partido Tisza, que lidera Magyar, obtuvo 138 de los 199 escaños del Parlamento, alcanzando una mayoría de dos tercios. Este respaldo le otorga autoridad suficiente para revertir gran parte de las leyes que, según sus críticos, permitieron a Orbán controlar el sistema judicial, manipular el sistema electoral, restringir la prensa y discriminar a la comunidad LGBTQ+.
Sin embargo, algunos ciudadanos se mantienen expectantes. Dániel Kovács, uno de los manifestantes, comentó: “Es difícil pensar que con dos tercios vaya a ser un gobierno justo, pero ya veremos. Esperemos que sean cuatro años prometedores”.
Magyar ha acusado a Orbán de corrupción generalizada y de permitir la concentración de la riqueza en unas pocas manos cercanas al poder, lo que dejó atrás a la población común. Prometió exigir rendición de cuentas mediante la creación de una Oficina de Recuperación de Bienes Nacionales para recuperar lo que considera ganancias ilícitas de los aliados del exgobierno.
Además, se comprometió a destrabar miles de millones de euros en fondos de la Unión Europea, congelados por las preocupaciones sobre corrupción y debilitamiento del Estado de derecho durante el mandato de Orbán. También anunció su intención de introducir el euro como moneda oficial antes de 2030, un paso al que el anterior gobierno se oponía.
El residente de Budapest Imre Végh resumió el sentir de muchos al afirmar que Orbán había construido un “sistema antiliberal” contrario a los valores fundamentales de Hungría. Ahora, millones de húngaros miran hacia el futuro con la esperanza de un cambio real en la nación centroeuropea.




