Kerrville, Texas — Decenas de voces frenéticas desbordaron las líneas del 9-1-1 mientras las catastróficas inundaciones arrasaban con cabañas y campamentos juveniles a lo largo del río Guadalupe la noche del 4 de julio. Las grabaciones divulgadas muestran súplicas desesperadas, entre ellas la de un bombero que se aferraba a un árbol al ver cómo la corriente arrastraba a su esposa, familias que atravesaban techos para escapar y niñas atrapadas en campamentos cubiertos por el agua.
En total, se registraron más de 400 llamadas al sistema de emergencias del condado de Kerr. Las autoridades confirmaron que al menos 136 personas murieron en todo Texas, 117 de ellas en ese condado. Entre las víctimas había residentes de Texas, Alabama, California y Florida.
En Camp Mystic, un histórico campamento para niñas, fallecieron 25 campistas y dos consejeras adolescentes. En otro campamento, La Junta, todos los menores fueron rescatados con vida. Una residente relató que vio a niñas arrastradas por el río: “Ya las encontramos, pero no estoy segura de cuántas más hay por ahí”, dijo con voz temblorosa.
Las grabaciones también reflejan fallas en las alertas. Algunos funcionarios del condado admitieron que dormían o estaban fuera de la ciudad cuando las aguas desbordaron el río. The Associated Press recopiló registros de comunicación, videos y testimonios para reconstruir la dramática respuesta de emergencia.
Muchas víctimas fueron rescatadas de tejados y árboles, pero otras no sobrevivieron. “El árbol en el que estoy se está empezando a inclinar… ¿hay algún helicóptero cerca?”, preguntó el bombero Bradley Perry antes de que su llamada se cortara. No logró sobrevivir; su esposa fue encontrada viva.
Las grabaciones muestran cómo la gente intentaba ganar altura dentro de sus casas a medida que el nivel del agua subía: del primer piso al ático y luego al tejado, todo en cuestión de minutos. Familias ajenas a la zona también llamaban pidiendo rescate para sus seres queridos atrapados.
Entre el caos, los operadores trataron de mantener la calma y ofrecer consuelo. “Suban al tejado si pueden”, repetían. Una mujer llamó varias veces desde Camp Mystic: “¿Cómo llegamos al tejado si el agua está tan alta?… ¿Ya pueden enviar los botes?”. La respuesta del operador fue breve y reveladora: “No lo sé”.




