Una familia venezolana despide entre lágrimas a Rosa Elena González, de 80 años, quien murió cuando su apartamento fue alcanzado durante el ataque de Estados Unidos para capturar al presidente Nicolás Maduro en Venezuela.
El incidente ocurrió la madrugada del sábado en La Guaira. Según su sobrino, Wilman González, la explosión destruyó parte del edificio mientras su tía dormía. “En esto fue en lo que quedamos: en ruinas”, lamentó el hombre, que aún recogía escombros entre las paredes destrozadas.
Durante un servicio religioso el lunes, José Luis González, hermano de la víctima, se despidió de ella con indignación y dolor. La familia aseguró que la llevaron al hospital con vida, pero los médicos no pudieron salvarla.
Las autoridades venezolanas informaron que en la operación murieron civiles y personal militar, sin ofrecer cifras exactas. El gobierno no ha respondido a solicitudes de prensa sobre el número de víctimas.
El impacto del ataque se sintió también en Caracas y otras ciudades. La capital amaneció sumida en un tenso silencio tras la captura de Maduro, quien fue trasladado a Nueva York para enfrentar cargos de narcoterrorismo. Donald Trump declaró que su país “gobernaría” Venezuela hasta lograr estabilidad, pero el secretario de Estado, Marco Rubio, después matizó esa afirmación.
Rubio sostuvo que Washington utilizará el control de la industria petrolera venezolana para forzar cambios políticos, mientras calificó al gobierno actual de ilegítimo. En Venezuela, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, afirmó que Maduro sigue siendo el líder legítimo y que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió temporalmente las funciones presidenciales por orden del Tribunal Supremo.
La población enfrenta la incertidumbre con mezcla de temor, tristeza y resignación. “Que Dios nos dé fortaleza por lo que estamos viviendo”, dijo Nely Gutiérrez, una jubilada caraqueña que expresó su pesar al ver las imágenes de Maduro esposado.
Mientras tanto, en algunos sectores de Venezuela se registraron protestas y expresiones de rechazo a la intervención estadounidense. En otros países, especialmente en comunidades venezolanas en el exterior, hubo celebraciones por la detención del mandatario.
Aún persisten los temores de nuevos ataques. Aunque Marco Rubio aseguró que ya no hay tropas estadounidenses en el terreno, no descartó futuras operaciones militares. La nación petrolera se debate ahora entre la esperanza de un cambio y el dolor por las pérdidas humanas y materiales que dejó la ofensiva.




