Irán y Estados Unidos mantuvieron el jueves prolongadas conversaciones indirectas en Ginebra sobre el programa nuclear iraní, consideradas como una última oportunidad para la vía diplomática, mientras Washington desplegó una flota aérea y naval en Oriente Próximo para aumentar la presión sobre Teherán.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, busca un acuerdo que limite las capacidades nucleares de Irán, aprovechando la inestabilidad interna en ese país tras recientes protestas. Sin embargo, Irán insiste en mantener su derecho al enriquecimiento de uranio, pese a que su programa quedó gravemente afectado luego de ataques estadounidenses en junio pasado, durante una guerra que se extendió por 12 días.
Teherán ha advertido que cualquier agresión provocaría ataques contra bases militares de Estados Unidos en la región, e incluso contra Israel, lo que podría desatar un nuevo conflicto regional. “No habría victoria para nadie, sería una guerra devastadora”, advirtió el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, poco antes de viajar a Ginebra.
Esta es la tercera ronda de contactos desde la guerra de junio. Las gestiones son mediadas nuevamente por Omán, cuyo ministro de Asuntos Exteriores, Badr al-Busaidi, actúa como intermediario entre emisarios iraníes y el enviado especial del presidente Trump, el empresario Steve Witkoff. Omán confirmó que transmitió una nueva propuesta de Irán a los funcionarios estadounidenses y publicó imágenes de Witkoff y Jared Kushner reunidos con Al-Busaidi, lo que marcó el inicio formal de las conversaciones.
Tras tres horas de negociaciones, el diplomático omaní informó en X que se retomarán las discusiones más tarde, celebrando el intercambio de “ideas creativas y positivas”. Trump exige que Teherán detenga totalmente el enriquecimiento de uranio y que se aborde también su programa de misiles y su apoyo a milicias regionales, mientras Irán insiste en limitar el diálogo al ámbito nuclear.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, sostuvo que Irán “intenta reconstruir elementos” de su programa nuclear, aunque no ha reanudado el enriquecimiento, según observaciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Fotografías satelitales recientes muestran actividad en dos de los sitios bombardeados, lo que sugiere intentos de recuperación de materiales.
Antes del ataque de junio, Irán enriquecía uranio al 60%, muy cerca del nivel necesario para fabricar armas. Aunque las agencias de inteligencia estadounidenses creen que Teherán no ha reiniciado un programa armamentístico, reconocen que ha tomado medidas que podrían facilitarlo si decide hacerlo. “El principio es muy simple: Irán no puede tener un arma nuclear”, enfatizó el vicepresidente estadounidense JD Vance, agregando que Trump buscará resolver el conflicto por la vía diplomática, aunque “también tiene otras opciones”.
Si las conversaciones fracasan, crece la posibilidad de una acción militar cuyo alcance y consecuencias son inciertos. Analistas advierten que cualquier ataque podría desencadenar una respuesta iraní contra aliados de Estados Unidos o Israel, elevando la tensión global. Los precios del petróleo han subido y el crudo Brent ronda los 70 dólares por barril, mientras imágenes satelitales muestran buques de la 5ª Flota estadounidense replegados en el mar, una maniobra similar a la observada antes del ataque iraní a Qatar en junio pasado.




