Beirut — La administración de Donald Trump intervino en un antiguo debate regional al designar como organizaciones terroristas a las ramas libanesa, jordana y egipcia de los Hermanos Musulmanes, movimiento islamista suní de alcance transnacional fundado en Egipto en 1928 por Hassan al-Banna.
El grupo, que nació como un proyecto social y religioso, evolucionó hacia la acción política y la militancia, participando incluso en enfrentamientos contra los colonialistas británicos e Israel. Su historia ha estado marcada por periodos de tolerancia y represión: tras ser acusado de conspirar contra Gamal Abdel-Nasser en los años 50, sufrió duras persecuciones, aunque resurgió durante el mandato de Anwar Sadat en los años 70, cuando renunció formalmente a la violencia.
Durante el gobierno de Hosni Mubarak, los Hermanos Musulmanes fueron prohibidos pero tolerados, convirtiéndose en la oposición más fuerte de Egipto. En 2012 alcanzaron el poder con Mohamed Morsi, pero un año después el ejército lo derrocó en medio de protestas masivas y una sangrienta represión. Desde entonces, el presidente Abdel-Fattah el-Sissi ha ilegalizado al grupo y cientos de sus dirigentes, incluido el guía supremo Mohammed Badie, permanecen encarcelados o exiliados.
La ideología de la Hermandad se expandió por todo Oriente Próximo, inspirando movimientos como Hamás, surgido en Gaza en 1987 y considerado su rama palestina. También influyó en grupos como al-Yamaa al-Islamiya del Líbano, que mantiene un brazo armado y ha colaborado en ataques contra Israel junto a Hezbolá. En Siria, sus miembros se alzaron en armas en 1982, lo que provocó una brutal ofensiva en Hama ordenada por el entonces presidente Hafez Assad, con entre 10,000 y 40,000 muertos o desaparecidos.
Mientras Turquía y Qatar mantienen simpatías hacia la Hermandad, países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto la consideran una amenaza. Jordania, por su parte, anunció una nueva prohibición del grupo a inicios de este año, alegando que planeaba atentados.
Según el Departamento de Estado, las ramas libanesa, jordana y egipcia de la organización respaldan o facilitan actos de violencia que desestabilizan la región y afectan los intereses de Estados Unidos. La dependencia designó al capítulo libanés como organización terrorista extranjera, mientras que el Departamento del Tesoro incluyó a las secciones jordana y egipcia en su lista de terroristas globales especialmente designados por su apoyo a Hamás.




