Una niña de 13 años vivió una experiencia devastadora después de que imágenes suyas y de sus amigas, generadas con inteligencia artificial y mostrando desnudos falsos, circularan entre estudiantes de una escuela secundaria en Luisiana. Las fotografías se difundieron a través de redes sociales como Snapchat, y rápidamente se convirtieron en objeto de burla en el campus.
Pese a que las alumnas pidieron ayuda a un orientador escolar y a un ayudante del sheriff, no pudieron hallar las imágenes debido a la naturaleza efímera de la aplicación. El director de la escuela ni siquiera creía que existieran. Sin embargo, al final del día, la menor vio cómo un compañero mostraba una de las imágenes en el autobús escolar, lo que desencadenó su ira.
Según el testimonio en su audiencia disciplinaria, la estudiante atacó al chico y otros se unieron a la pelea. Fue expulsada por más de diez semanas y enviada a una escuela alternativa, mientras que los abogados de su familia alegaron que el alumno sospechoso de haber creado las fotos evitó ser sancionado. Semanas después, las autoridades acusaron a dos estudiantes de difundir imágenes fabricadas por IA bajo una nueva ley estatal, pero la niña no enfrentó cargos.
El caso, que sacudió al distrito de Lafourche Parish, expuso el peligro de los llamados «deepfakes» y la falta de preparación de las escuelas para lidiar con el ciberacoso mediante nuevas tecnologías. “Cuando ignoramos el daño digital, el único momento que se hace visible es cuando la víctima finalmente se quiebra”, advirtió Sergio Alexander, investigador de la Universidad Cristiana de Texas.
El superintendente Jarod Martin defendió el proceder de la institución, señalando que se siguieron los protocolos de denuncia, aunque reconoció que el caso era complejo. La investigación posterior confirmó que existían imágenes manipuladas de al menos ocho alumnas y dos adultos.
El padre de la menor, Joseph Daniels, criticó el manejo del caso y describió las imágenes como “desnudos integrales con su cara”. Su hija fue expulsada durante un semestre completo, pese a no tener antecedentes disciplinarios, lo que afectó su salud mental y desempeño académico. Según Daniels, la adolescente cayó en depresión y dejó de asistir a clases.
Finalmente, el consejo escolar permitió su regreso, aunque bajo libertad condicional y sin acceso a actividades extracurriculares. “Sintió que la habían victimizado varias veces: por las fotos, porque el colegio no la creyó y porque la castigaron por defenderse”, dijo su padre. La familia sigue exigiendo justicia y una revisión de las políticas escolares sobre el uso y supervisión de tecnologías de inteligencia artificial.




