En Zimbabue, los ramos de dinero sustituyen a las flores en San Valentín

Una tendencia en Harare convierte billetes y chatarra en símbolos de amor y supervivencia.
Los ramos de flores con billetes son cada vez más populares que las flores frescas para San Valentín, lo que refleja la realidad económica

HARARE — En Zimbabue, el romanticismo adquiere formas insólitas. En esta economía donde la liquidez vale casi tanto como el sentimiento, los ramos de San Valentín hechos con billetes de dólar se han vuelto un símbolo de amor práctico y moderno.

En los mercados tradicionales de Harare, floristas como Tongai Mufandaedza preparan meticulosamente estos “ramos de dinero”, doblando billetes de $50 en forma de conos y combinándolos con rosas blancas. “El mercado ha mejorado gracias a los ramos de dinero”, dijo el vendedor, con más de tres décadas de experiencia. En vísperas de San Valentín, asegura que todos quieren impresionar.

La tendencia ha seducido especialmente a la Generación Z, aunque Mufandaedza nota que también padres los compran para sus hijas, buscando evitarles presiones sociales. Los precios varían: un ramo con billetes de $10 puede costar $25, menos que uno de flores frescas, que ronda entre $35 y $40. En un país donde el dólar estadounidense domina desde la hiperinflación de 2009, regalar efectivo se percibe como un gesto tanto romántico como sensato.

En redes sociales, la moda no pasa inadvertida. Videos de arreglos relucientes generan comentarios como: “Por favor, Dios, haz que mi amante vea esto”. Ante la escasez de billetes nuevos, algunos comerciantes hasta proveen dinero limpio a cambio de comisión.

El fenómeno no se limita a Zimbabue. En Kenia, por ejemplo, donde los ramos monetarios también ganaron popularidad, el banco central advierte sanciones de hasta siete años de cárcel por doblar o grapar billetes, alegando daños a la moneda.

En Zimbabue, sin restricciones semejantes, otros también reinterpretan el amor con creatividad ecológica. En la tienda Simpli Simbi, en Harare, corazones, llaveros y collares se fabrican con chatarra reciclada. “Tomamos algo que nadie quería, lo pulimos y lo convertimos en algo para atesorar”, explica su fundadora, Stephanie Charlton. Lo que antes era desecho hoy se transforma en obsequios con historia y valor ambiental.

Como dice Charlton, “las flores y los bombones desaparecen, pero esto permanece”. En tiempos donde la economía marca la pauta del romanticismo, el amor en Zimbabue se expresa con ingenio, reciclaje y billetes doblados en forma de rosa.

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