Miami — Kyle Adler vivió un hallazgo que cambió su vida: descubrir que había sido robado a su madre biológica chilena cuando era un bebé. A los 36 años, esa revelación lo llevó a reencontrarse con ella a principios de este año, cerrando una búsqueda marcada por el dolor y la identidad perdida.
“Ha sido muy revelador ver quién es mi gente. Siento el amor y la compasión; es agradable tener una familia de nuevo”, dijo Adler, quien fue adoptado por una familia estadounidense cuando tenía solo nueve meses y creció en un suburbio de Chicago. Asegura que sus padres adoptivos, Mike y Connie Adler, no sabían nada del origen ilegal de la adopción y lo criaron con cariño hasta su fallecimiento en 2022.
El reencuentro de Adler representa uno de los muchos casos de niños chilenos arrebatados a sus familias durante los 17 años de dictadura del general Augusto Pinochet. El gobierno estima que más de 20,000 menores fueron sustraídos mediante redes de adopción falsas en las que participaron agencias, funcionarios, jueces y personal médico.
Ana María Navarrete, madre de Adler, tenía 19 años y trabajaba en una pescadería en Coronel. Dejó a su hijo al cuidado de una mujer que, según contó, permitió que una pareja estadounidense se lo llevara tras la intervención de un sacerdote local. “Nadie rindió cuentas”, lamentó Navarrete. “Esos años fueron los peores de mi vida”.
Décadas más tarde, Adler comenzó su búsqueda en 2017 al contactar a Constanza del Río, fundadora de la organización sin fines de lucro Nos Buscamos. Gracias a una prueba de ADN de la empresa MyHeritage se confirmó su vínculo con Navarrete, de 56 años. “Eso lo hizo oficial”, recordó. Con el apoyo de la organización Connecting Roots, que ofrece kits gratuitos de ADN, el chileno-estadounidense finalmente conoció su origen.
El reencuentro ocurrió en febrero, dos días después del cumpleaños de Navarrete. Madre e hijo se abrazaron en el aeropuerto de Santiago vestidos de blanco. “Estoy muy feliz de conocerle por fin, mi sueño se ha hecho realidad”, dijo ella. Durante una semana recorrieron juntos los lugares de su infancia y recuperaron la partida de nacimiento original de Adler. También conoció a varios de sus hermanos.
El encuentro fue profundamente emotivo, aunque trajo de vuelta recuerdos dolorosos. “He tardado tanto en encontrarle, y ahora tener que dejarlo ir es como perderlo otra vez”, confesó Navarrete entre lágrimas. Adler, que no habla español, se comunica con ella mediante traductores y aplicaciones, y espera volver a reunirse en diciembre. Mientras tanto, ambos trabajan por sanar y buscar justicia para las familias afectadas por las adopciones ilegales.
“Quiero justicia, no solo para mí, sino también para él”, dijo Navarrete, quien colabora con abogados para que los responsables enfrenten penas de cárcel. Für Adler, el proceso de perdón continúa, pero asegura haber encontrado finalmente un sentido: pertenecer a dos mundos que ahora buscan reconciliarse.




