El papa León XIV visitó la histórica Mezquita Azul de Estambul, también conocida como la Mezquita del Sultán Ahmed, como parte del inicio de su agenda en Turquía. Aunque el Vaticano había anticipado que el pontífice guardaría un breve momento de oración silenciosa, no se observó que lo hiciera.
Durante la visita, el director del Diyanet —la Oficina de Asuntos Religiosos de Turquía—, Safi Arpagus, guió al papa por el interior del templo del siglo XVII y le mostró sus cúpulas cubiertas de azulejos y las inscripciones en árabe en sus columnas. El imán Asgin Tunca le ofreció rezar, recordándole que la mezquita era “la casa de Alá”, invitación que León XIV declinó con respeto.
Tras el encuentro, Tunca explicó que el papa le respondió amablemente y expresó su deseo de conocer y sentir el ambiente del lugar. Más tarde, el portavoz del Vaticano, Matteo Bruni, señaló que “el papa experimentó su visita a la mezquita en silencio, en un espíritu de contemplación y escucha, con profundo respeto por el lugar y la fe de quienes oran allí”.
El primer papa estadounidense de la historia siguió así el ejemplo de sus antecesores, como Benedicto XVI y Francisco, quienes también visitaron la Mezquita Azul en gestos de acercamiento interreligioso. León XIV se quitó los zapatos para recorrer el recinto, caminando en calcetines blancos sobre sus alfombras.
A diferencia de papas anteriores, León decidió no incluir en su itinerario una parada en Hagia Sophia, convertida en mezquita en 2020, decisión que en su momento generó críticas internacionales, incluso desde el Vaticano.
Tras su recorrido, el papa sostuvo una reunión con líderes cristianos en la Iglesia Ortodoxa Siria de Mor Ephrem. Más tarde, se unió al Patriarca Bartolomé, líder espiritual de los cristianos ortodoxos, en un acto de oración en la iglesia patriarcal de San Jorge.
El día concluirá con una misa en la Volkswagen Arena de Estambul dedicada a la comunidad católica local, que ronda las 33,000 personas en un país mayoritariamente musulmán.
Como parte de su viaje, León también celebró una ceremonia en Iznik, lugar del histórico Concilio de Nicea de 325 d.C., conmemorando sus 1,700 años. Allí, los líderes religiosos recitaron el Credo de Nicea, símbolo común de fe entre católicos, ortodoxos y gran parte de los protestantes. El papa resaltó la necesidad de fortalecer la unidad entre los cristianos y de trabajar por la dignidad humana en tiempos difíciles.




